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lunes, 7 de abril de 2014

Decálogo de las peores madres del año

1. No perderás tu identidad personal por más hijos que hayas parido. 
2. Compartirás el cuidado de tus vástagos al 50% con el padre. 
3. Usarás a los abuelos como niñeras hasta que te exijan un sueldo.
4. No renunciarás a la quedada mensual con tus amigas. 
5. Odiarás el parque por encima de todas las cosas. 
6. Asistirás a las bodas sin hijos. 
7. Reconocerás los defectos de tus hijos al igual que ves los de los ajenos. 
8. No renunciarás al romanticismo con tu chico, aunque eso suponga pagar una canguro. 
9. Despreciarás a las perfectas madres de manual al igual que ellas lo hacen contigo. 
10.No perderás el sentido del humor por más desdichas que te ocurran. 


lunes, 10 de febrero de 2014

La peor madre del año reincide. A por la versión 2.0

Si algo tiene de bueno ser madre es que, por muy mal que lo hagas, muchas veces que te equivoques, fea que seas e incompetente que te sientas, siempre serás vista y querida como la mejor madre del mundo por tus hij@s

Con estos antecedentes, una fiera que no dejaba de pedir un hermano, y una pareja pasando la pre crisis de los 40 y todo llenito de amor, yo no podía por menos que quedarme embarazada.
Como buena científica tenía que probar si es cierto que la experiencia es un grado y que las segundas versiones son mejores (menos en las películas).

Con 16 semanas de gestación a mis espaldas solo puedo decir que me siento vieja. Lo sé, suena mal, y a mis amigas les espanta que lo diga. Solo tengo 4 años más, pero mi cuerpo está respondiendo como si hubiesen transcurrido 20. 

Durante mi primer embarazo estuve "Happy". Mi organismo me chutó de hormonas del buen rollo y no tenía molestias de ningún tipo. De ninguno. 
Dormía estupendamente, comía fenomenal y nada me dolía, nada.

Actualmente, y con una barriga que parece de 7 meses, solo puedo pensar en dormir. Cuando me acuesto no duermo del tirón, me despierto para ir al baño cada dos/tres horas. Tengo un catarro desde hace mes y medio que no consigo quitarme de encima. Sigo sin molestias estomacales, todo me cae de maravilla y no se lo que es una nausea matutina, pero tengo unos pinzamientos de ciatica que me hacen caminar como Lina Morgan. 
A media mañana sufro ataques de calor y corro a abrir las ventanas de la oficina. Mis compañeros espantados tiritan de frío por solidaridad, rezando por que de a luz antes de que acabe el invierno o ellos enfermen de neumonía. 

A casa llego tan cansada que no tengo ganas de jugar con la fiera. El pobre empieza a pensar que esto del hermano igual no es tan buena idea.
Al padre lo tengo esclavizado. Se ha convertido en mi asistente personal, desde traerme agua, hasta hacer la cena, pasando por llevarme el bolso cuando salgo de casa. Menos mal que no tengo antojos, porque entonces acabaría con él. 


Mientras tanto todo el mundo quiere saber el sexo del bebé, y la mayoría (salvo una compañera rarita) se posiciona del lado de que será una nena. Yo quiero una nena. La familia quiere una nena. Los amigos quieren una nena. A mi hijo le da igual. Ya tiene claro que sea lo que sea no podrá jugar con él hasta pasado mucho tiempo. 

En fin, como tengamos otro niño no se que haré con todos los lazos que he ido guardando. Yo por si acaso le hablo a la barriga; "ojito con tener pene que lo que te espera no te va a gustar. Piensatelo dos veces antes". "Si yo fuese tú optaría por un buen par de ovarios".
Veremos si mi técnica surte efecto. 

Tenéis que entenderme. Tengo que equilibrar las fuerzas del hogar. Necesito alguien que se interese por los romances de las vecinas y los vestidos de las mamás del parque. Tengo el síndrome de lazos y volantes. 
No quiero otro friki obsesionado por saber quien tiene más fuerza, si Hulk o Thor. Necesito una heredera para mis barbies y sus complementos. 

A un mes vista de conocer el sexo de mi bebé solo puedo decir que sea lo que sea nos lo llevaremos a casa y le querremos, aunque si es niño un poquito menos ;-)

domingo, 2 de febrero de 2014

Tengo un whatsapp de "los padres sufridores"

Todo comenzó una bonita y ventosa tarde de junio. Celebrábamos con un botellón en el parque el cumpleaños de uno de los compis de clase de la fiera.
Ese día descubrí que no era la unica #malamadre del cole. Por supuesto el paso siguiente fue intercambiar teléfonos y mails con mis recién estrenadas malas madres de parque. 

Algunas semanas después, y con motivo de una excursión de fin de curso al Retiro (os recuerdo que hablamos de niños que por entonces tenían 3 años), creamos un grupo de WhatasApp para enviar fotos e informar de lo que iba sucediendo durante la jornada a los papás/mamás que no pudieron acudir. 
Aquello fue el germen de lo que ahora tenemos.  

El grupo de WhatsApp "padres sufridores" que arrancó con 8 contactos, ya tiene afiliados a prácticamente la totalidad de los padres/madres de la clase de la fiera.

Durante el verano de 2013 arrancó una tímida relación en la que nos intercambiábamos alguna foto del veraneo y chistes  gráficos.

Con la vuelta al cole el grupo acogió nuevos miembros y, gracias a la inestimable colaboración del nuevo profesor, adquirió un impulso delirante. 

El nuevo profesor, un joven altamente cualificado y extremadamente motivado, decidió que era una buena idea mandar deberes los fines de semana, y ese fue el verdadero origen de la explosión de actividad de nuestro grupo de WhatsApp. 


En octubre la fiera y sus compañer@s llegaron a casa con una hoja que contenía, entre otras actividades, una adivinanza; "caen y caen sin parar y no dejan de bailar" (no consigo olvidarla).
¿Qué era aquello? ¿una prueba para los niños o en realidad estaba poniendo a prueba a los padres/madres?
Por supuesto no teníamos ni idea. Sí, seguro que ahora salta el listill@ de turno que es facilísimo, pero a nosotros nos tuvo todo el fin de semana enfangados, hasta que los niños decidieron confesar la respuesta (porque ellos sí lo sabían). Reconozco que yo hasta lo busqué en San Google.

La segunda gran crisis del grupo llegó con motivo de la Navidad. El profesor decidió ser creativo, y cuando ya estábamos todos desempolvando los disfraces de pastores del año anterior nos mandó una escueta nota. Entre las múltiples opciones estaba: lobo, muñeca y turrón.
Aquello nos tuvo hasta la madrugada debatiendo qué pretendía hacer el innovador profesor, que estaba montando un popurri con los viejos anuncios de la tele.
Mi hijo, que no acudió ese día a clase, no tenía nota. Lo que me sirvió de escarnio público, ya que me hicieron creer que a la fiera le tocaba ser "el calvo de la lotería". 
Esa noche el móvil ardía. Nos cyber-atropellábamos por dejar nuestras impresiones, a cual más delirante, sobre la fiesta de Navidad. 

A la mañana siguiente, y sin saber como disfrazar a los niños de muñecas Famosa, o cómo elaborar una tableta de turrón gigante, acosaron al profesor a la entrada del cole (yo me lo perdí por estar trabajando), hasta que explicó más detenidamente lo que esperaba de nosotros. Afortunadamente ya nos va conociendo, y esperaba poco de nuestro ingenio. Rebajó sustancialmente la dificultad de los disfraces hasta dejarlo en casi nada. Bendito profesor. 

Superado el hito, y encantados con el popurrí y la fiesta de Navidad nos fuimos de vacaciones.
Como no podía ser de otro modo el año nuevo nos deparaba nuevas sorpresas. Y no tardaron en llegar.
La primera fue que el profesor había enviado de forma encubierta "unos deberes" para las vacaciones
La mitad de los padres no se habían enterado y la víspera de la vuelta al cole el móvil no dejaba de sonar pidiendo información de qué era lo que había que hacer y donde estaba la dichosa carpeta de las tareas, que algunos decían tener y la mayoría no tenía. Aquello fue un diálogo de besugos en toda regla. Hasta que una voz sensata lo explicó y aclaró todo. 

Transcripción literal de la conversación:
Sujeto 1. Gente... tenemos un problema. Qué deberes eran los que había que entregar???
Iban en la carpeta???
Sujeto 2. Sí, eran 4 hojitas creo...
Sujeto 1. Unos dibujos de casas y círculos etc?
Sujeto 3. Tenían que colorear.
Sujeto 1. Eso lo tengo pero la carpeta roja no.
Sujeto 3. Si.
Sujeto 4. En la bolsa roja.
Sujeto 1. Osea q la carpeta roja si la dieron??? En la bolsa no la tengo.
Sujeto 4. Con los trabajos del 3mestre.
Sujeto 3. Sí, y la carpeta dentro de la bolsa roja :-) :-)
Sujeto 1. Joer nosotros no tenemos la carpeta. Ainssss
Sujeto 5. Nosotros tampoco  XD 
Sujeto 6. Yo no sabía que había que entregarlos.
Sujeto 7. (Iconos con lágrimas en los ojos). Estamos hechos unos padrazos jajaja
Sujeto 8. La bolsa roja la dieron pero los deberes venían en una carpeta de Mica. La roja no venía.  X lo menos a nosotros no. 
Sujeto 9. A nosotros tampoco nos venía la carpeta, pero no os preocupéis porque no hay que entregarlos, era para que trabajaran un poco en vacaciones. 
Sujeto 10. A mi me lo dijo mi hijo pero no sabía si era verdad.
Sujeto 11. JAJAJA menudo arranque de curso ¡¡qué estrés !! Si me autorizais este diálogo lo pego literal en el blog  (caritas con lagríamas de risa)

Y hasta aquí las peripecias de "los padres sufridores", pero tranquilos, tengo mucho más que contar.



domingo, 8 de diciembre de 2013

Estoy criando un Friki

Pues nada, aquí estoy de nuevo (Papá de Guindilla) para contar algo que lleva un tiempo rondándome la cabeza.
¿Estaré convirtiendo a mi hijo en un pequeño friki?

Según pasa el tiempo mi hijo va definiendo poco a poco que cosas son las que más le gustan y sospechosamente se está convirtiendo en un mini-yo. Sus cosas favoritas son:
-    Muñecos de superhéroes
-    Videojuegos
-    Comics de superhéroes
-    Star Wars y todo lo que le rodea

Evidentemente soy una mala influencia. Mientras su madre le lee cuentos, utiliza juegos educativos y hace puzzles, yo me dedico a hacer luchas de espadas, le leo comics, y cada vez que viene a mi despacho acabamos sacando los videojuegos de las estanterías para repasar los títulos. Solo hay que vernos cuando tenemos que comprarle algo a guindilla, siempre acabamos discutiendo entre coger un puzzle de El Principito o un álbum de pegatinas de Batman.

Las preguntas que me hace mi hijo en la bañera no son las típicas de un niño de 4 años. Sus preguntas son del tipo ¿por qué no envejece el Capitán América? ¿por qué Hulk destruye cosas? Y sobre todo está obsesionado por saber cuanto de alto saltan todos los personajes ¿?. 
Os juro que a veces tengo que darle largas porque no se que contestar. Se piensa que soy una enciclopedia de super héroes. Preferiría que me preguntara de donde vienen los niños o cosas así, para esa pregunta si estoy mentalizado, y ya tengo unas cuantas respuestas preparadas.

Para no cargar yo con toda la culpa os diré que tengo mucha ayuda de familiares y amigos. Mis hermanos, por ejemplo, siempre le regalan camisetas y juguetes de superhéroes. 
Algunos amigos tan “frikis” como yo también colaboran comprándole disfraces de Star Wars y juguetes lego de esta saga.
Hablando de disfraces, este amigo organizó para el cumpleaños de su hija una fiesta de disfraces, y claro, apareció con un disfraz de Darth Vader hecho por el mismo, y mi hijo de soldado clon, vaya pareja que hacían.
En fin, que no soy yo solo. Incluso en ocasiones gente que no es friki habitual (tías, primas...) le regalan pijamas de Spiderman porque saben que le gusta. Al final todos ponen su granito de arena.

Reconozco que a veces me da apuro pensar que mi hijo, que aun no se sabe todas las letras del abecedario, conozca todos los nombres y poderes de Los Vengadores. O pensar que con 3 años se terminó su primer videojuego.

Todo esto que cuento explica en parte por que nos gusta jugar en el parque a lanzar y esquivar bombas como si fuésemos héroes de acción.

Menos mal que la madre de Guindilla nos pone el contrapunto y nos aporta otro tipo de actividades, que aunque no son tan divertidas son más convencionales. Así al menos me queda la esperanza de que mi hijo herede alguna afición aburrida de su madre y no todas las mías.

Ah, también le doy las gracias por impedir que le pusiera a mi hijo de nombre Aragorn o Anakin, aunque reconozco que esos nombres aun me parecen interesantes.



viernes, 15 de noviembre de 2013

#Viernesdandolanota - Mi mejor amiga


Hoy de la música me encargo yo, el papá de guindilla, y quiero dedicarle una canción de mi grupo favorito a la mamá de la fiera,  y a todas esas chicas que, además de nuestras compañeras, son nuestras mejores amigas.

Muchas veces se nos olvida decirles estas cosas, pero nunca es tarde...





Ooh, you make me live
Whatever this world can give to me
It's you, you're all I see
Ooh, you make me live now honey

Ooh, you make me live

Oh, you're the best friend
That I ever had
I've been with you such a long time
You're my sunshine
And I want you to know
That my feelings are true
I really love you
(Ooh) Oh, you're my best friend

Ooh, you make me live

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domingo, 27 de octubre de 2013

Sábado en la Warner - la versión de papá

Bueno, ahora que habéis leído la versión de la mamá del guindilla os voy a contar como viví yo ese día, ya que aunque parezca mentira pasamos poco tiempo juntos, porque nos turnábamos mamás y papás para hacer las colas, y por eso algunas cosas las sufrimos de forma diferente.


Yo cuando entré en el parque iba con la idea fija de ver la zona de superhéroes, pero las mamás nos llevaron directamente a la zona infantil. Menos mal que al final pudimos visitarla.


Lo primero de todo es que fuimos en plan superviviente y decidimos no coger ningún plano, confiando en nuestro natural sentido de la orientación y la improvisación. El primer sitio al que entramos fue la casa del Pato Lucas, que parecía vacía por fuera y por dentro ocultaba una cola interminable, para al final hacerse una foto con alguien disfrazado de Lucas, pagando, claro. ¿Qué hicimos? Escaparnos por la primera salida de emergencia que encontramos.


Tras pasar por varias atracciones nos fijamos en que casi todas tenían una entrada especial, algo así como un pase rápido, así es que en un momento de desesperación las mamás nos enviaron a comprar esos pases para que los niños pudiesen montar en más cosas.


Mi amigo y yo teníamos una misión, encontrar donde comprar esos pases, pero nuestro sentido de la orientación nos jugó una mala pasada, y como íbamos sin plano, acabamos dando la vuelta entera al parque (zona de superheroes incluida). 

Al regresar a la casilla de salida vimos una tienda y entramos a preguntar (sí, renunciamos a nuestro orgullo después de pasar dos veces por el mismo punto). Para variar era un poco timo, pagabas 7 euros y tenías derecho a pase rápido para 4 personas en una atracción, inmediatamente decidimos desechar la idea, pero nos quedaba la tarea más difícil, convencer a las madres de que no era tan bueno como lo pintaban.

Mientras tanto las mamás y las fieras estaban en la cola de la atracción de Scooby Doo. Entonces recibí una llamada de la mamá de guindilla diciéndome que llevaban una hora dentro, y que preguntásemos a la gente que salía si merecía la pena seguir esperando, o si aprovechaban para escapar por una salida de emergencia que se encontraba próxima. Os seré sincero, todo el mundo comentaba lo mismo. Los adultos: “una hora y media para 2 minutos de atracción, vaya mierda engaño”. Los niños: “mi pistola estaba rota y no disparaba”. 

Yo llamé a la mamá de guindilla y le solté:  “no tiene mala pinta, la gente parece salir contenta”. Me daba pena decirle la verdad. Ya la descubriría por si misma, para que arruinarle la sorpresa.


Sin duda mi momento estrella fue cuando me engañaron para subir con los niños a la atracción de agua del oso Yogui. Al subir a la barca y ver los asientos empapados me preocupé, y pensé que quizás no había sido tan buena idea, y que aquello mojaba más de lo que parecía a simple vista. Nada mas arrancar nos regaron como en un túnel de lavado de coches. Nos cayó agua por todos lados, incluyendo las barcas de otros niños que nos disparaban con pistolas de agua. (Casualmente mi pistola no funcionaba). Tras unos minutos que me parecieron horas finalizó el tormento. Al bajarnos escurrimos lo mejor que pudimos la ropa, momento que aprovecharon unos niños que iban en otra barca para volver a mojarnos.


Del tema de las máquinas secadoras no contaré mucho más, solo diré que no valen para nada, y menos si te metes con tres niños y dos madres sujetando zapatillas y calcetines en alto.


Cuando por fin fuimos a ver la zona de superhéroes encontramos una tienda en la que vendían chubasqueros (carísimos), esos en los que tanto pensé durante los minutos interminables de agua sin fin que acababa de vivir.  Además la señora de la tienda, ante nuestro inconfundible aspecto, nos confesó que la atracción del oso Yogui era la que más mojaba de todo el parque. A buenas horas.


Al acabar el día todos nos reímos de lo vivido, pero para mi el mejor momento fue cuando llegué a casa y me pude cambiar de ropa, y volver a sentir que la sangre circulaba por mis extremidades inferiores.

domingo, 20 de octubre de 2013

Parques de atracciones - NO, gracias

La semana pasada se me ocurrió un plan genial para el sábado. Irnos con unos amigos y sus hijas al Parque Warner en Madrid. 

Ya os aviso que si después de leer esta entrada os quedan ganas de ir debéis preparar muuuucho dinerito. 

Como vivo ajena al mundanal ruido no me había enterado de que el sábado 12 de octubre era fiesta nacional, y claro, media España tuvo la genial idea de copiar mi plan para ese día. Después de superar la caravana de coches que conducía al parking, pagar los 9 euros exigidos por acceder y dar veinte vueltas para encontrar una plaza libre, accedimos al recinto.

Dos entradas de adulto y una de niño = 87€.
Esta inversión te da acceso a todas las colas del parque. Una media de 90 minutos por atracción, lo cual es divertido y llevadero con niños de 4 a 7 años que se sientan y esperan pacientemente. Ay, perdón, que esos niños no existen. Pues eso, un infierno
Niños que se pegan con los de delante, que pellizcan a los de detrás, que tienen sueño, que tienen sed, que quieren brazos, que tienen ganas de orinar justo cuando vas a acceder a la atracción (y te toca deshacer el camino a mil por hora ante la mirada estupefacta del resto de la gente), ¡que se ponen insufribles!.

Según llegamos y vimos el panorama empezamos a buscar atracciones poco saturadas y, ¡oh! ¡sorpresa!, no las encontramos. 
Los papás/mamás más listos, dando ejemplo a sus vástagos de como actuar, se dedicaban a colarse en cuanto veían la ocasión, con la consecuente riña entre adultos, mientras  el resto se limitaba a esperar su turno con resignación.

El acceso a las atracciones está diseñado por mentes retorcidas. Tú te asomas y ves treinta personas delante de una puerta y piensas - qué suerte, aquí hay poca gente esperando, vamos para dentro. 
Cuando cruzas el umbral de la puerta te encuentras en una sala con un caminito que va y viene cuatro veces y limitado por un pasamanos de hierro, y al fondo otra sala. Entonces piensas - bueno, esta sala y luego llegamos. 

Tres salas iguales después tus nervios están crispados, como los de los otros 500 adultos que tratan de llegar a no saben dónde, para montar en no saben qué, con sus desquiciados hij@s.
90 minutos después accedes a un cochecito que tarda exactamente 3 minutos en completar un circuito en el que solo encuentras fotos pintadas en colores brillantes de Scooby Doo y sus amigos. 
Lo mejor del caso es la ingenuidad y el corazón agradecido de los niños, que salen encantados y convencidos de que aquella agónica espera mereció la pena.

Cuando llegó la hora de comer buscamos uno de los múltiples restaurantes de comida ultra rápida. Porque para quienes no lo sepáis "queda terminantemente prohibido introducir alimentos en el parque". Una medida solidaria con la economía familiar actual y con el apetito voraz y constante de los pequeños. 
Resumiendo, 10 € menú infantil de macarrones, patatas y 3 croquetas, y 15 € el de adultos (ensalada y pollo asado). 

De vuelta a la actividad tras la "opípara" comida nos entusiasmamos al encontrar una atracción sin colas. Cero personas esperando para montarse. 
Lejos de preguntarnos a que se debería esa rara situación decidimos enviar a los tres niñ@s con el padre de la fiera, único voluntario para tamaña aventura. Sin apenas presión aceptó mi sutil sugerencia: - anda ve tú, hombre no seas así, piensa en los niños. No seas rancio. Ve, que ya verás que divertido, que los pobres no se han podido montar en nada. Aprovecha que no hay gente.

¿Es necesario que os diga que se trataba de una atracción acuática o ya lo habíais sospechado?


Cinco minutos después la barca del Oso Yogui nos devolvió cuatro seres acuáticos, que no tenían seco ni un poro de su cuerpo. Chorreando agua de cabeza a pies, como quien se cae vestido en una piscina, salieron los cuatro desdichados, que no sabían si reír o llorar. 

Yo reí, reí mucho. Con esa risa nerviosa de "madre mía qué hago ahora con estos dos empapados. Mañana pulmonía asegurada". 


Mensaje a futuras generaciones: "sed creativos y tened ideas innovadoras" (si no sirven para nada no os desanimeis). Esto os lo digo porque un ingeniero iluminado tuvo el acierto de colocar a la salida de la atracción una cápsula que es un secador gigante. Al módico precio de 2€ - 5 minutos te promete salir igual de seco que entraste. 
Como tenemos fe en la humanidad metimos al papá de la fiera y a los tres niñ@s. 15 minutos después y 6 euros más pobres abandonamos la cápsula de no secado ultra rápido tan mojados como la habíamos encontrado, y ante la mirada desesperada de otra familia de incautos que había sucumbido a la única atracción sin esperas.
 
Mi amiga, mujer sensata y madre abnegada, llevaba una muda de cambio para sus hijas. 
Yo NO. 
Mi amiga puso braguitas, pantalón y camiseta secas a sus hijas. Yo desnudé al mío y usé mi chaqueta de punto para improvisar unos pantalones, y a modo de calcetines unas bolsas de plástico, porque las zapatillas deportivas estaban encharcadas. 

Lo bueno del caso, mi hijo está acostumbrado al desastre de su madre que nunca le lleva muda cuando sale de casa. Consecuencia, no le importa exhibirse medio desnudo entre miles de personas. 

Moraleja: cuando vayáis a un parque de atracciones llevad siempre ropa de cambio y mucho dinero. Ah, si es posible id un día no festivo y entre semana. 


                             

domingo, 13 de octubre de 2013

El peor padre del año: cómo pasarlo bomba en el parque

Me presento, soy el padre de "la fiera", aunque yo le llamo "guindilla".

Hoy puedo decir con seguridad que me he sentido el peor padre del año, y visto lo bien que le funciona la terapia bloguera a la mamá de guindilla he decidido compartirlo con vosotr@s.  

Todo comenzó como una tarde de parque normal y corriente, jugando con mi hijo en los columpios, en la arena...lo típico. En estas que vemos a un amigo suyo que siempre juega con nosotros, y el cual ya me tiene fichado. En cuanto me ve a lo lejos me grita  - ¡¡ Holaaaaa, papaaaa de Yaaaago !!

Mi idea inicial era jugar un rato al fútbol con ellos, cuando este niño nos dice -¿por qué no jugamos a las bombas? 
Aquí es donde os preguntáis ¿qué juego es ese de las bombas?
Bueno, pues es un juego que un día se me ocurrió con ellos, y que consiste en que se quedan de pie en la arena, o subidos en el balancín, y yo tiro al aire una pelota que ellos esquivan, rodando por la arena como si fuese una “Bomba” que les cae encima.
Un juego que yo consideraba super inocente y divertido para ellos, hasta ayer.

A partir de hoy me tengo que replantear esa suposición, y os cuento por que. 
Resulta que tras proponérmelo yo les dije, - vale vamos a la arena y jugamos a eso. 
En ese momento les veo salir corriendo emocionados hacia el parque de arena mientras yo iba andando detrás. 
Ya a lo lejos percibí un posible problema cuando vi el balancín ocupado por niños más pequeños, y la zona donde solemos jugar ocupada. Mis temores se cumplieron cuando veo como el amigo de mi hijo empieza a hacer gestos y a vocear a los otros niños. 

Aceleré el paso para decirles que nos podíamos poner en otro sitio y no pasaba nada. Cual fue mi sorpresa cuando al llegar al balancín veo a varias madres pálidas y con cara de susto. Según me vieron aparecer me empiezan a decir cosas como - Dios que susto, este niño viene diciendo que un padre va a poner una bomba en el balancín. Otra decía - Este niño ha venido corriendo gritando que nos tenemos que quitar del balancín porque allí van a explotar las bombas.
Yo os juro que no sabía donde meterme muerto de vergüenza. Solo podía pensar; ¿qué clase de padre soy que juego a las bombas con los niños?. 
Después del incidente, y con las madres al lado, no tenia yo mucho cuerpo para lanzarles las famosas bombas, así es que me limité a intentar convencerlos de jugar a otra cosa, y tratar de volver a casa lo antes posible.

Eso sí, de camino a casa solo intentaba pasar desapercibido, y caminaba un poco encorvado, sin poder evitar pensar qué estarían diciendo esas madres de mí. No me extrañaría que a partir de ahora se me conozca en el parque como “el terrorista del arenero” o algo así.

Tras comentárselo a la madre del guindilla me ha dado la solución - simplemente diles que vais a jugar a que caen meteoritos, y así evitas malentendidos. 
A buenas horas.

Así es que ya sabéis, a veces un juego que consideramos inocente puede dar pie a un malentendido y un momento bochornoso. Os lo asegura El peor padre del año.


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Cuando al llegar a casa me contó lo sucedido no podía dejar de pensar en alguna madre temerosa llamando a la policía nacional y a los artificieros.
Luego en las noticias dirían que el papá jugaba a juegos de rol, y mis vecinas dirían a los de la tele que era un tipo simpático y educado, que daba los buenos días y que nunca se imaginaron que algo así pudiese pasar.  

Chicas, yo creo que se merece ser nuestro candidato nº16
¿vosotras qué opináis?

domingo, 8 de septiembre de 2013

EL DÍA QUE PERDÍ A MI HIJO

Si hay un hito que te abre las puertas del grupo de las peores madres del año es perder a tu hij@. Hasta que no pasas por ese lamentable trance no puedes coronarte como una verdadera mala madre. 

Yo estoy de aniversario. Ahora hace un año que perdí a mi hijo por primera vez. No me atrevo a descartar que me vuelva a ocurrir, aunque no me gustaría.


Estábamos de vacaciones. Íbamos de viaje al norte y paramos a medio camino. Encontramos una cafetería con terraza y allí nos quedamos. 

Mientras mi chico entró a pedir los refrescos yo me quedé fuera con el canijo.
Fue ver desaparecer al padre y decidir que él también quería acompañarle. Confiada de mi le dejé ir solo. 

Cuando a los cinco minutos vi aparecer al padre sin acompañante me sentí morir. Me lo debió ver escrito en la cara porque no le dio tiempo a preguntar donde estaba el niño. Ambos nos lanzamos en plancha al interior del bar.

Al entrar vi que había otra puerta que daba acceso a las vías del tren, porque resultó que aquel bar era también la estación del tren. 
Ante el estupor de la gente que por allí andaba me lancé en plancha a las vías, que para mi tranquilidad estaban despejadas. 
Cuando volví a entrar mi chico buscaba desesperado entre las mesas y en el baño de caballeros. 

En ese momento apareció mi hijo tan campante, iba charlando con una señora que se lo había encontrado en el baño de señoras. 

La pobre mujer iba buscando a los padres de aquella criatura, que campaba a sus anchas la mar de tranquilo buscando a su padre. 


Aquel día mi hijo ascendió a la escala de #niño-ninja, que es aquel con capacidad para desaparecer sin que sus padres se den cuenta, mimetizándose con el entorno y pasando totalmente desapercibido. 

Su padre me puso su cara de "si no llega a aparecer te tiro a la vía", y no me habló durante el resto del viaje.

Por supuesto ha perdido la poca confianza que tenía en mi como madre, mujer y persona sensata. 

Al niño no le han quedado secuelas de aquel incidente, y de hecho sigue ejerciendo de ninja cada vez que puede y nos descuidamos 30 segundos. 


La madre (o sea yo) ganó sus galones de peor madre del año entrando por la puerta grande. 


Esta aventura es sin dudarlo de la que más avergonzada me siento, pero como este blog es mi terapia he considerado oportuno desvelarlo, para escarnio público y en solidaridad con otras malas madres a las que les haya ocurrido algo similar. 


Uno de los lugares clásicos para la pérdida de hij@s son los centros comerciales. 

Ya sabéis;  el niño, el carro... uy que vestido más mono, me lo pruebo en un momento, lo pago, me voy... ¿dónde está el carro? ¿dónde está el niño?
El otro es el parque. Te despistas cinco minutos comentando las proezas de tu nene con una mamá, y cuando te quieres dar cuenta ha desaparecido entre los arbustos persiguiendo mariposas. 

En fin, otra de esas cosas que no os cuentan en los manuales pero que es muy probable que os ocurra en alguna ocasión, sobre todo si sois tan despistadas y confiadas como yo. 


Cada día lo tengo más claro, hay que patentar el chip infantil. Un pinchacito en el cuello y localizado de por vida. 

domingo, 30 de junio de 2013

¿Hoy no viene tu padre?

Como sabéis, en casa no somos nada aficionados a los parques, y por esa razón  el papá y yo tenemos repartidos los días en que nos toca sufrir tormento.

Personalmente lo llevo mejor desde que hago botellón con mis amigas madres del parque, pero no siempre coincidimos.

En ocasiones vamos al parque más próximo a casa en el que todavía no tengo amigas, y en el que venía observando una conducta extraña entre los compañeros de juegos de mi hijo. 

Últimamente cuando bajo a dicho parque con mi hijo el resto de niños me mira con decepción, lo que me tenía bastante desconcertada teniendo en cuenta que todavía no saben leer y es materialmente imposible que conozcan este blog. 
El remate fue el otro día, cuando dentro de la discreción que caracteriza a los niños de 3 años uno se acercó a mi hijo para preguntarle que donde estaba su padre, y por qué no había bajado. 

Esa popularidad repentina de mi chico entre los infantes me resultaba desconcertante a la vez que incomprensible. 
Tras mucho indagar descubrí el origen de ese interés. Resulta que un día comenzó a jugar a super héroes con mi hijo, y como no sería de entretenida la historia que se le fueron uniendo niños/personajes a la aventura, a la vez que extendían el decorado a otras zonas del parque, hasta acabar superando los guiones de George Lucas en sus mejores tiempos. 



Como os podréis imaginar ahora los niños esperan ansiosos la continuación de la saga que se han montado, y cuyos capítulos solo se celebran 2 tardes por semana. 

Por mi parte, como no quiero ser menos, estoy formando un grupo con las niñas del parque a lo Sexo en New York, y charlamos de los novios de nuestras barbies, los manolos recién adquiridos, y de los diseños de alta costura que les hacen las abuelas. Por cierto, ¿sabéis lo ultimo de Kent?

Estoy deseando que aprendan a leer para pasarles las direcciones de mis blogs favoritos de moda, salud y belleza.



jueves, 27 de junio de 2013

ENVIDIA

Una no deja de sorprenderse a si misma por más años que pasen y bien que crea conocerse. 
Aquí estamos de nuevo haciendo examen de conciencia, y es que hoy he descubierto que soy muy ENVIDIOSA


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Me dan envidia las madres que saben cocinar y hacen las tartas caseras, de chuches y de foundant para los cumples de sus hij@s. No es necesario que os recuerde mi "gran galleta", pero podría hablar largo y tendido de mi cocido choricero, o mejor, dejar que mi medio melón os lo cuente, porque se parte de la risa cada vez que lo recuerda y no pierde ocasión de comentarlo en público. 

Me dan muchísima envidia las madres de hij@s que duermen más de siete horas seguidas, y si encima el fin de semana no se levantan hasta las 10 h me pongo verde, y es literal. 


Envidio hasta sentir calambres a las madres (y no madres) deportistas, que salen a correr a diario y encima tratan de convencerte de lo saludable que es y de que engancha. A mi solo me engancha el sofá de casa cada vez que lo tengo a tiro, este blog, y el chocolate... ñam ñam. 


Muero de envidia ante las madres de 1, 2, 3 y más hij@s que tienen un tipo perfecto y un vientre plano. Si encima presumen de comer de todo y no hacer ejercicio se ponen en riesgo vital, porque me siento capacitada para cometer crímenes justificados  

¡¡ avisadas estáis !!

Siento mucha mucha mucha envidia de las "madres DIY".  Hazlo tu misma dicen, como si fuese tan fácil. Desde un recortable que parece lo que es, hasta un disfraz para carnavales.


Qué envidia tengo a las familias con padres/madres de diferentes nacionalidades, tienen hij@s bilingües sin gastarse un dineral en academias de idiomas, y encima los niñ@s aprende sin esfuerzo.


Palidezco de envidia ante las madres de paciencia infinita que sonríen ante situaciones que hace horas a ti te hubiesen llevado a estrangular a tu hij@.


Me corroe la envida frente a esos padres abnegados que no discuten y acatan sin dilación las instrucciones de sus amadísimas mujeres. ¿Por qué me llevé al más peleón?

Envidio hasta el delirio a las "madres 10" que han llegado a un grado de evolución tal que no encuentran defectos ni a sus hij@s, ni a sus maridos/novios/amantes, ni a sus vidas, ni a si mismas. 

Me encantaría ser tan perfecta. 

Aunque si lo pienso bien...  ¿sobre qué escribiría entonces?


y a vosotr@s  ¿qué es lo que os provoca más envidia?




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miércoles, 19 de junio de 2013

Fenómeno FAN

Cada día que pasa le encuentro más ventajas a esto de tener amigas malas madres de parque (incluyo a los papás que se nos han unido). Entre muchos beneficios está el de la información. Ahora me entero de más cosas, que antes ignoraba por mi naturaleza despistada. Por ejemplo; en la última semana gracias a los sabios consejos de mis nuevas amigas he adquirido una cera repara parqué estupenda, una alfombra de plástico que va a evitar la extinción de la poca madera que quedaba en el estudio, y ahora se como preparar una pizza que no es pizza y lo mejor de todo ¡¡no engorda!! (casi nada).

Pero sin lugar a dudas la información más valiosa que me han filtrado esta semana ha sido que venían los Cantajuegos al barrio y gratis. Sí, yo tampoco me lo creía cuando me lo contó por WhatsApp mi chico.

Os pongo en situación. Ya sabéis mi teoría de que lo malo hay que repartírselo al 50%, por eso yo recojo del cole al niño dos días en semana, su padre otros dos y los abuelos el que falta. Luego cada cual se organiza la tarde a su gusto. 
Pues yo estaba ayer de libranza, reponiéndome de una dura sesión de gimnasio cuando recibí el WhatsApp. A la salida del cole Estela, una de mis nuevas amigas y estupenda fuente de información (ella fue la que me descubrió la maravillosa peluquería con videoconsolas y dibujos), les contó que en el centro comercial del barrio iban a estar esa misma tarde los... Cantajuegos (cada cual que elija el adjetivo que más le agrade, yo tengo muy claro el mío). 

Mi chico, pura osadía, ni corto ni perezoso se puso en ruta y allá que se fue. Yo no daba crédito mientras leía su relato en tiempo real por el móvil  Entre otras razones porque el año pasado la tuvimos  bien gorda porque saqué entradas para ver a los... Cantajuegos con otro amigos y él pasó olímpicamente del planazo, lo que supuso tener que tirar de abuelos una vez más. 

Pues ahí lo tenéis,  el padre del mes, haciéndose hueco entre las masas (creo que aquello era peor que un concierto de los Rolling). Ni Bisbal en su última gira ha tenido tanto éxito. 
Los niños enfervorecidos, las mamás desesperadas por colocar a sus retoños en primera fila y que fuesen tocados por estos iluminados de la música infantil. Los abuelos abriéndose paso con los carros para ver si era verdad que regalaban bocatas, incluso algún despistado que confundió aquello con la ventanilla de sellar el paro.
Papá, muy prudente, se quedó en la segunda planta observando el espectáculo desde las alturas. Esto le funcionó muy bien hasta que el grupo apareció en escena y a mi hijo le entró un ataque de llanto emocionado-desesperado, al más puro estilo fan de Justin Bieber, que obligó a su padre a meterse en medio del fregado. 

Según luego me confesó nunca hasta la fecha había pasado tanto miedo. Todo valía para acercarse al improvisado escenario, carros de la compra a modo de ariete, codos afilados, y el siempre socorrido empujón empujón empujón. 

Después de 4 canciones que los niños corearon y bailaron entusiasmados (que levante la mano quien no se sepa la coreo de "taza, tetera, cuchara, cucharón"), empezó lo realmente interesante, la venta y firma de discos, o ¿es que de verdad pensabais que aquello era gratis?
Pero Papá ahí estuvo ágil, y antes de que el incauto del peque se diese cuenta corrían desaforadamente en dirección a la calle y de vuelta a casa. 
Llegaron encantados, uno por el concierto y el otro por librarse de la compra.


¡¡ Qué gran tarde !!

Sobre todo para mi que estaba disfrutando del sofá en exclusividad.

lunes, 17 de junio de 2013

Por fin dormido

Cuando me piden que defina a mi hijo con una palabra lo tengo claro; "despierto". Sí, es sociable, simpático, cariñoso, pero sobre todas las cosas es despierto, y no por espabilado y listillo, que también, si no porque no duerme más que lo justo y necesario, que para un niño de casi 4 años es más bien poco. 
Para que os hagáis una idea hablamos de máximo 6 horas, y la mayoría de noches no del tirón. Una ruina para sus agotados padres. Mas teniendo en cuenta que somos super dormilones, de los de 12 y 13 horas si nos dejan (que ya no nos dejan).

Desde su punto de vista dormir es una absoluta pérdida de tiempo. Un sueñecito de 3 horas le carga las pilas para las siguientes 24 horas,y encima con un delicioso y simpático despertar.
Sus primeras palabras a las 6:30 h. a.m. cuando viene a despertarnos (desde hace casi 4 años no necesito despertador) suelen ser... - ¿mami jubamos?
- mami despierta que ya es de día, o -mami levanta que quiero merendar (todavía no nos aclaramos mucho con los diferentes tipos de comida).

Pero las malas madres si de algo podemos presumir es de nuestra capacidad de venganza, y cuando te dan la oportunidad no la desaprovechas.
Mi querido retoño empezó el 1 de junio la jornada intensiva, pero en lugar de irse a la una con sus abuelos a comer para luego echarse la siesta, tiene que sufrir las malas artes de su madre. 
De 13 a 15 h. comedor sin siesta, de 15 a 16 h. ludoteca (lo que viene siendo  cómo mutar el color de una camiseta blanca en harapos en solo 60 minutos. El babi bien guardadito en la mochila, que los niños pasan mucho calor). Y para rematar la faena de 16 a 17 h. multideporte. Carrerita va, carrerita viene con la caló que ya tenemos. 

Cuando vamos a recogerle al cole es todo un espectáculo. Niños apiñados contra las rejas de la puerta suplicando por agua. Si no fuese tan mala madre me darían un poquito de pena. 

Pero ahí no acaba su suplicio. El resto de la tarde buscamos mil y una formas de mantenerle despierto, ya sea corriendo por el parque, dándole pellizquitos de monja, o alguna que otra descarga eléctrica (Sr. Defensor del Menor por favor no lo tome como algo literal, suelo tender a la exageración). 

Por supuesto en el parque aprovecho para intercambiar técnicas con mis amigas malas madres, porque lo complicado después de tanta actividad es que no se duerman de pie.
Precisamente eso nos ha pasado hoy. Nos hemos confiado, nos hemos sentado en una terraza a tomar un helado y aquí tenéis el resultado.


Sí, lo confieso, gracias a este innovador sistema de tortura llevo dos semanas disfrutando de una rara experiencia, un niño de casi 4 años que duerme por primer vez 8 horas seguidas, y a las 11 de la noche no sigue batallando.

Mientras él duerme su padre juega a la consola por primera vez en meses y su madre escribe este post.

Mala madre, sí, pero feliz y descansada. 



Este post participa en la Fiesta de Blogs de Blanche´s Blog.

jueves, 9 de mayo de 2013

YO CONFIESO

1. Cada día echo a suertes con el papá de la criatura quien lo baja al parque.
2. Uso la tele como niñera. Eso sí, sin mucho éxito porque a mi hijo le gusta muy poco.
3. Se me alegra el día cuando los abuelos tienen la feliz idea de llevarse a la fiera de paseo.
4. Cuando celebro un cumple no me acerco a la cocina. Compro la tarta que mas chocolate tenga en la pastelería más próxima. 
5. Los disfraces no los hago,  los compro o los pido prestados.
6. Totalmente de acuerdo en la importancia de la actividad física. Por eso pago a mi hijo clases de multideporte. ¿Yo en chándal? por favor...
7. Cuando mi hijo se despierta por la noche espero hasta tres llamadas con la esperanza de que se vuelva a dormir y así no tener que levantarme. Esperar que lo oigo su padre es creer en los milagros.
8. Solo conozco a 5 niñ@s de la clase de mi hijo y no recuerdo el nombre de ninguno de sus padres. 
9. No me importa que la profe de mi hijo sea estricta y grite de vez en cuando. Con 21 niños y 4 niñas de 3 años en clase yo gritaría muy a menudo.
10. Quiero a mi hijo con todo mi corazón, pero ser madre no anula el resto de facetas de mi vida.

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