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miércoles, 4 de junio de 2014

#Miercolesmudo - construyendo naves a los muñecos


miércoles, 21 de mayo de 2014

#Miércolesmudo - Una Kitty nada cursi

lunes, 19 de mayo de 2014

Mi hija no tendrá juguetes cursis.

Ahora que sabemos que nuestro segundo peque será una niña ando dándole vueltas a las cosas más absurdas, y es que la experiencia del primero marca, y cuando tienes un hijo tan friki como el mío, y con unos gustos y aficiones tan particulares no puedes por menos que pensar cómo va a afectar eso a su hermana. 

Todos los juguetes que tiene giran en torno a Star Wars, Super Héroes (todas las versiones, tamaños y colores) y variantes similares. 

El deporte, aunque lo seguimos intentando, no entra dentro de los dones concedidos al nacer. En mi objetivo de agotarle a como de lugar le hemos apuntado a fútbol dos días en semana. Sale de multideporte y empieza fútbol. Donde cualquiera esperaría encontrar un niño agotado y sin fuerzas yo recojo un mico de 4 años que sale disparado corriendo rumbo al parque (otra horita). Eso sí, a las 21 h. cae dormido sin sentido y  no hay niño hasta las 7 h. del día siguiente. 

En fin, que yo ando ilusionada pensando en nenucos, carritos, cocinitas y barbies, sin tenerlas todas conmigo. Por eso voy buscando alternativas para estar preparada y no criar una niña cursi. 
¿Qué sería lo peor que me podría encontrar?
Es mejor que nunca me hubiese hecho esa pregunta porque fijaos la variante de aterradoras alternativas que hay. 

La killer Barbie. Comete los crímenes mas atroces, al mas puro estilo Dexter, y luego sube las fotos a las redes sociales.



Que digo yo que si Kent no te mola ya, pues te vas con otro y listo, pero esto...       

Luego está la versión friki de Hello Kitty, que como alternativa me gusta más, y además estaría en sintonía con los gustos del hermano. 



Cuando llegase carnavales pasaría de vestirla de princesita. 
Yo le daría un toque original y diferente. 
Nada como una Frida Kalho o una Reina de Corazones cabreada. 


      

Fuente: http://ver.tvnws.com/disfraces-alternativos-para-ninas/




Y como buena madre, me gustaría que mi hija estudiase e hiciese una carrera de provecho. 
A ser posible mi vocación frustrada, la de veterinaria, y para ello nada mejor que estos juguetes que la introducirían en el apasionante mundo de la disección. 





Y después de este paseo me pregunto... ¿Que fue de las muñecas barriguitas?





miércoles, 26 de febrero de 2014

#Miercolesmudo - el amo del castillo

domingo, 8 de diciembre de 2013

Estoy criando un Friki

Pues nada, aquí estoy de nuevo (Papá de Guindilla) para contar algo que lleva un tiempo rondándome la cabeza.
¿Estaré convirtiendo a mi hijo en un pequeño friki?

Según pasa el tiempo mi hijo va definiendo poco a poco que cosas son las que más le gustan y sospechosamente se está convirtiendo en un mini-yo. Sus cosas favoritas son:
-    Muñecos de superhéroes
-    Videojuegos
-    Comics de superhéroes
-    Star Wars y todo lo que le rodea

Evidentemente soy una mala influencia. Mientras su madre le lee cuentos, utiliza juegos educativos y hace puzzles, yo me dedico a hacer luchas de espadas, le leo comics, y cada vez que viene a mi despacho acabamos sacando los videojuegos de las estanterías para repasar los títulos. Solo hay que vernos cuando tenemos que comprarle algo a guindilla, siempre acabamos discutiendo entre coger un puzzle de El Principito o un álbum de pegatinas de Batman.

Las preguntas que me hace mi hijo en la bañera no son las típicas de un niño de 4 años. Sus preguntas son del tipo ¿por qué no envejece el Capitán América? ¿por qué Hulk destruye cosas? Y sobre todo está obsesionado por saber cuanto de alto saltan todos los personajes ¿?. 
Os juro que a veces tengo que darle largas porque no se que contestar. Se piensa que soy una enciclopedia de super héroes. Preferiría que me preguntara de donde vienen los niños o cosas así, para esa pregunta si estoy mentalizado, y ya tengo unas cuantas respuestas preparadas.

Para no cargar yo con toda la culpa os diré que tengo mucha ayuda de familiares y amigos. Mis hermanos, por ejemplo, siempre le regalan camisetas y juguetes de superhéroes. 
Algunos amigos tan “frikis” como yo también colaboran comprándole disfraces de Star Wars y juguetes lego de esta saga.
Hablando de disfraces, este amigo organizó para el cumpleaños de su hija una fiesta de disfraces, y claro, apareció con un disfraz de Darth Vader hecho por el mismo, y mi hijo de soldado clon, vaya pareja que hacían.
En fin, que no soy yo solo. Incluso en ocasiones gente que no es friki habitual (tías, primas...) le regalan pijamas de Spiderman porque saben que le gusta. Al final todos ponen su granito de arena.

Reconozco que a veces me da apuro pensar que mi hijo, que aun no se sabe todas las letras del abecedario, conozca todos los nombres y poderes de Los Vengadores. O pensar que con 3 años se terminó su primer videojuego.

Todo esto que cuento explica en parte por que nos gusta jugar en el parque a lanzar y esquivar bombas como si fuésemos héroes de acción.

Menos mal que la madre de Guindilla nos pone el contrapunto y nos aporta otro tipo de actividades, que aunque no son tan divertidas son más convencionales. Así al menos me queda la esperanza de que mi hijo herede alguna afición aburrida de su madre y no todas las mías.

Ah, también le doy las gracias por impedir que le pusiera a mi hijo de nombre Aragorn o Anakin, aunque reconozco que esos nombres aun me parecen interesantes.



domingo, 28 de abril de 2013

Vamos al parque.

Uno de los principales defectos de una mala madre es que no le guste ir al parque, y una de las razones fundamentales es que en ese maravilloso lugar   no se pueden esconder los fallos a la vista de las madres de manual.
Cuando una mala madre baja al parque lo primero que le ocurre es que se siente desubicada. El motivo fundamental es que su falta de constancia hace que no establezca relaciones de amistad con otras madres que si son asiduas.
Consecuencia; llegas al parque y buscas desesperada alguien con quien hablar, esa madre tan simpática que se apiadó de ti la última vez que estuviste allí y te dio conversación. Lamentablemente no la ves por allí, posiblemente también era una mala madre que hoy ha conseguido escaquearse. 
Resignada a tu destino te dispones a buscar un buen rincón donde pasar desapercibida. 
Pero eso es casi imposible para la peor madre del año.
Cuando empiezas a relajarte tu hijo, que ha merendado estupendamente antes de bajar, mira con lástima, mientras se lamenta, al niño de al lado que está comiéndose unas galletas (aquí puedes añadir cualquier otra cosa como gusanitos, bocadillo, agua... ).
La buena madre de dicho niño se encarga de suplir tus carencias ofreciendo a tu hijo aquel "alimento vital" que tú has olvidado. Su generosidad va acompañada de una mirada de lástima hacia tu hijo, y de desprecio inmisericorde hacia ti. 
Después de deshacerte en agradecimientos te alejas discretamente del lugar, buscando otro rincón oscuro donde no ser reconocida como "la madre que no alimenta a su retoño".

Otra razón por la que no me gusta ir al parque es porque nunca acierto con los juguetes que mi hijo necesitará. Si llevo la bici esa tarde nos da por el cubo y la pala, que por supuesto tiene que dejarnos otra madre mas previsora y generosa. Si llevamos el cubo y la pala descubrimos con pavor que esa es la tarde de los coches, y así hasta el infinito.
El otro día decidí no ser sorprendida y bajar bien preparada. Sin nada que envidiar a un sherpa nepalí cargué con todos los juguetes.
Mi vecina del quinto cuando nos vio me preguntó si nos íbamos de vacaciones. Me dio vergüenza reconocer que solo iba al parque así es que le seguí la corriente y le conté un proyecto de viaje inexistente. (Las malas madres también somos mentirosas).
Cuando llegamos al parque y desplegué todo lo que llevábamos los niños creyeron que eramos la avanzadilla de los Reyes Magos, y las madres temieron que fuese a montar un mercadillo ilegal entre los columpios y el arenero.
Ante mi estupor mi hijo decidió que ese día lo único que le apetecía ere correr de punta a punta del parque, con su frustrada madre arrastrando una juguetería a sus espaldas. 

La última razón por la que no me gusta ir al parque es porque siempre me encuentro alguna madre psicótica. El último caso fue una mamá que vigilaba con preocupación a mi hijo, o mas bien el coche que me hijo llevaba en la mano. El drama se desencadenó cuando vio como mi hijo se metía el coche en el bolsillo del abrigo, juguete que dicha madre confundió con un coche de su hija. Cuando empezó a regañar a mi hijo y a acusarle de intento de robo tuve que intervenir. Con bastante paciencia le intenté hacer comprender que ese coche no era el de su hija, posiblemente se le pareciese,  incluso fuese igual, pero no era el suyo. 
Durante más de diez minutos lo intenté sin ningún resultado, mientras la obstinada mamá defendía la propiedad del vehículo. 
Afortunadamente su hija, preocupada por el color púrpura que iba adquiriendo el rostro de su madre, decidió tomar cartas en el asunto y desvelar que su coche había estado media tarde enterrado en el arenero, y que en ningún momento había corrido peligro.

Esa tarde volví a casa satisfecha por no ser la peor madre del parque, y sobre todo feliz porque al día siguiente yo no tendría que bajar al parque. Ah no, al día siguiente le tocaría vivir su gran aventura semanal al padre de la criatura, porque otra cosa no pero en nuestra casa vivimos en democracia, y los malos tragos nos los repartimos al 50%.
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