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miércoles, 19 de febrero de 2014

Bonito jardín sin flores

Si en algo me está ayudando este blog es a conocerme mejor a mí misma. Nunca pensé que fuese una persona tan interesante jajaja.
Es un tsunami de sentimientos darme cuenta de la cantidad de defectos que tengo y todas las cosas que me salen mal al cabo de la semana.

Después de contar a mis amigas mi última batalla, y ver que se morían de la risa, decidí compartirlo con el resto del mundo. Así me conocéis un poco mejor y sabéis el tipo de cosas que nunca debéis pedirme que haga. 

Hace mes y medio mi compañero se marchaba de vacaciones. Él tiene tenía dos plantas preciosas y me preguntó si me importaba regárselas en su ausencia. 
- Por supuesto que no. Vamos Ramón, parece mentira. Qué trabajo me va a costar, si estoy al lado (nos separa metro y medio).
Hasta aquí todo normal. Como veis soy muy voluntariosa y buena compañera. 

El lunes regresó a la oficina. Eso me obligó a mirar en dirección a su mesa y ¿qué fue lo que vi?  Dos plantas muertas. Secas como la mojama. Las mismas que yo prometí regar porque no me costaba ningún trabajo. 
- Que digo yo que igual las recuperamos Ramón, total solo ha sido un mes sin regarlas. 

Os juro que no ha sido a propósito. Pero echo la vista atrás y creo que durante este mes no debo haber mirado ni una sola vez en esa dirección, porque es que no me lo explico. Soy despistada, pero esto es imperdonable. 
Menos mal que Ramón es buena gente y optó por la no agresión. Eso sí, me miró con cara de "no me lo puedo creer" y al final nos tuvimos que reír.
Lo peor del caso es que otra compañera que está más lejos (en la otra punta de la planta) se ofreció a regarlas, y yo le quité la idea de la cabeza por ahorrarle el paseo. 


Ahora os presento a mi cactus. Porque consecuencia de este incidente se me ocurrió buscar con la mirada a mi querido cactus #comemalasenergías. 
Pues una de dos, o se ha muerto cumpliendo su misión en la vida tras absorber todo lo malo que me rodea, o ha sucumbido al desánimo porque llevo más de seis meses sin regarle.

Para rematar mi currículo como jardinera os podría contar esos dos largos años en los que quedé al cuidado del jardín de la casa de la sierra y acabé con él. A mi padre le ha costado cuatro años sacarlo de nuevo adelante. 






Estas orquídeas fueron un regalo de Navidad.
Han sobrevivido a mis cuidados mes y medio. 
Os juró que me he esmerado con ellas, el problema es que no tengo claro si en exceso o en defecto. 

En resumen, soy buena persona, pero por la salud de vuestras plantas es mejor que nunca las dejéis a mi cuidado.  


jueves, 19 de septiembre de 2013

Candidata nº 15 - 1 madre in italy

Hoy os quiero presentar a nuestra candidata nº 15 a Peor Madre del Año, es otra mamá bloguera.





Es uno de mis blogs favoritos por la naturalidad y el humor con el que escribe sus aventuras en el país de la pizza. 

De sí misma dice: "Estudié psicología, pero solo me sirvió para que me lo echaran en cara a la mínima muestra de falta de cordura. Arrejuntada en Italia con un italiano y madre de un retoño nacido fruto de la relación intercultural. Trataré de haceros reir a base de historias basadas en hechos reales y muchas veces sacados de mi mente delirante e irracional."

Será deformación profesional pero me encanta la sección "El diván de la psicóloga" donde analiza a otras blogueras. Muy, muy divertido.

Pero el motivo de tenerla aquí hoy es por sus malas artes como madre.
Con la excusa de vivir exiliada, ha colocado a su retoño con los abuelos españoles para irse de vacaciones a Grecia con su chico. 

Ya sabéis que colocar a los hijos con los abuelos en vacaciones es una de las características de toda buena mala madre, porque sabemos a ciencia cierta que es la única manera de descansar de verdad. 
Además a los abuelos les viene muy bien para mantenerse activos y jóvenes. No hay nada como correr detrás de un niño por el parque para recuperar las energías y ponerse en forma. 



1Madre in Italy eres nuestra candidata nº 15 


¡¡ Bienvenida al ranking !!

Esperamos que lo hayas pasado muy bien en las vacaciones ;-)





domingo, 18 de agosto de 2013

¡¡ REVISTAS !!

Una de las cosas que más me gustan del verano son las revistas. Revistas de todo tipo; moda, decoración, viajes, cotilleo, cualquier tema me va bien.

Sí, esta es otra de mis compulsiones, comprar revistas de todo tipo, y no porque tenga una necesidad insaciable de adquirir conocimientos, porque para leer tengo mi "peazo movil" con el que accedo a mis blogs favoritos, a la prensa y a cualquier otro contenido de interés.

Entonces ¿para qué tanta revista?
Pues por mi faceta urraca. Compro en función de los regalos que hacen. 
No miro la revista, me tiro en plancha a por el regalo, y este verano estoy arrasando. 
Entre mis últimas adquisiciones está un bolso de playa monísimo (lo guardaré para el próximo año porque a estas alturas ya no lo necesito), un bolsito de aseo de lo más coqueto (me viene fenomenal porque apenas tengo otros 20 más), unas pastillas para el tránsito intestinal que no necesito, un esmalte de uñas color coral (estoy encantada porque es mi actual color favorito), un bronceador estupendo (lástima que solo sea protección 20 y yo uso 50, pero a mi madre le ha venido genial el regalo) y un bote de aceite en spray para aliñar las ensaladas con la cantidad justa (¿a quién no le viene bien esto?).

Como buena mala madre he contagiado este mal vicio a mi hijo, que enloquece por los regalos de las revistas infantiles. 

Gracias a este consumista vicio tenemos cientos de cosas inútiles como camisetas talla xs cuando yo uso la xl, biquinis que solo podría poner a los muñecos de mi hijo, gafas de sol con las que no veo, chanclas para la playa dos números más pequeños de lo que necesito, relojes de todos los colores y millones de bolsos de todos los estilos imaginables.  

Ahora entenderéis por que en el quiosco del barrio nos reciben con los brazos abiertos todos los domingos. 

La crisis de compra compulsiva más grave que recuerdo fue hace tres años, y no estaba sola, conté con la colaboración de tres compañeras de trabajo que dieron rienda suelta a mi vicio. 
Aquel mes de agosto lo que hacía furor era la colección de gafas de sol abalada por una conocida óptica. Esto ahora está muy visto, pero aquel año era la bomba. 
Cada jueves íbamos las cuatro en comandilla a comprar la revista con las gafas, al quiosco de al lado de la oficina, y esperábamos ilusionadas el modelo de la siguiente semana.
Un inciso, yo ya era miope por entonces, y al igual que ahora no usaba lentillas, por lo que con dichas gafas ver, lo que se dice ver... más bien poco. 

Entonces llegó la semana grande. Salía el modelo aviador, ¡nuestro favorito!, llevábamos todo el mes esperando este día. Bajamos al quiosco en la hora del desayuno y...  ¡¡¡¡estaban agotadas!!!!
Recorrimos 4 quioscos cercanos y nada. Agotado.
Según pasaban las horas nuestro deseo de conseguir las dichosas gafas se acrecentaba.
Una de las compis llamó a su hermana para ver si las conseguía cerca de su casa. Nada. Toda la ciudad se había puesto de acuerdo para comprar las dichosas gafas el mismo día. Otras dos llamaron a sus maridos para que las buscasen por las tiendas y quioscos que tuviesen más próximos. Nada. 
Lo más bochornoso era tratar de explicar la urgencia de nuestro deseo, que mutaba en necesidad vital a cada hora que pasaba. 
Al final yo recurrí a mi padre, que estaba de vacaciones, y al que hice recorrerse todos los pueblos de la sierra hasta encontrar las dichosas gafas, ahí es nada, 4 pares. Y las encontró, porque no hay nada que un padre no haga por su descerebrada caprichosa hija.

Tuvimos que esperar una semana para probarnos las gafas y...  nos sentaban de pena. A la que no le estaban grandes le estaban chicas, cara ancha, cara estrecha, ¡un desastre!

De aquella aventura conservamos la gafas, hemos prometido no tirarlas nunca como símbolo de nuestra compulsión irracional por las gafas baratas, una foto muy divertida y las risas que nos echamos cada vez que recordamos la anécdota.


¡¡ Qué gran verano chicas !!  

Os echo mucho de menos. 






domingo, 11 de agosto de 2013

La sorpresa de los Papuos

Hoy toca el último capítulo de las vacaciones 2013 de la peor madre del año, mi favorito. 

Nuestra última aventura surgió fruto de la pereza, una de mis principales cualidades. Ya llevábamos tanto andado, y tantas agujetas a cuestas que, cuando José Luis de Natur-Extremadura nos ofreció hacer una bonita visita a la garganta de los Papuos en coche, no lo dudamos. 

Como yo ya iba escarmentada de la primera excursión, lo primero que me puse por la mañana antes de salir fue el bañador. Amaneció un poco nublado, pero se agradecía mientras caminabas porque así no hacía tanto calor. 

Es una excursión que dura toda la mañana. Primero subes en un coche eléctrico monísimo, cero ruido, cero contaminación, hasta lo alto de un monte donde hay unas vistas espectaculares del Valle del Jerte. 
Pasas junto a los huertos de cerezos y luego te adentras en un bosque de robles y castaños. Cuando el coche no puede llevarte más allá toca caminar, pero es un recorrido muy asequible, sobre todo teniendo en cuenta nuestro nivel de senderismo. Lo mejor de todo llega al final, y es que el camino desemboca en el lugar con más encanto que he conocido hasta el momento. 


Esta excursión fue un capricho (asequible), un lujo en toda regla, porque contamos con José Luis para nosotros tres en exclusividad. Fue nuestro guía particular, y durante el camino nos fue explicando las características de los árboles, plantas y animales que íbamos viendo. 
Durante el trayecto nos encontramos mariposas de mil colores que parecían seguirnos en nuestro paseo. A mi amiga Sandra le hubiese encantado. 


Al final de la ruta nos esperaba una poza increíble, con una cascada de agua helada. No lo dudé. Antes de que alguien tratase de impedírmelo me lancé al agua. Fui la única. El agua estaba heladísima, pero fue una sensación fantástica. Estaba en el paraíso. 

La anécdota del día fue que nuestro guía nos dio un pequeño susto. Tuvo una bajada de tensión y pasó un mal rato. 
Como ya sabéis, a mi la imaginación me vuela rápido. En un momento empecé a barajar todas las posibilidades. Allí no había cobertura para llamar a nadie, lo cual a mi me daba igual porque no tenía móvil. 
Llevárnoslo a rastras era literalmente imposible, no porque pesase mucho, si no por lo dificultoso del camino y porque no teníamos ni idea de como volver.
Cuando se recuperó yo ya estaba afilando un palo para salir a cazar un venado, y encendiendo el fuego con dos piedras. Mi hijo tenía medio terminada la choza en un roble enorme que había junto a la poza, y mi chico nos miraba con cara de "no se os puede sacar de casa". 

Fue un alivio que José Luis se recuperase, sobre todo porque nos sorprendió con un picnic delicioso a base de jamón serrano, queso de cabra y pan de pueblo, acompañado de cervecita y refrescos bien fresquitos. 


En el viaje de vuelta nos ofreció conducir el coche, pero el único que se atrevió fue mi hijo. 

Escribiendo esta entrada me he dado cuenta de que no le llegamos a preguntar a qué se debía ese nombre tan curioso "Papuos". Habrá que investigarlo.

La mayor sorpresa fue cuando llegamos a casa y vimos que me han convertido en modelo de portada, y es que la foto de mi inolvidable baño en aquella maravillosa poza se ha convertido en reclamo publicitario. 
Supongo que se debe a que el sol playero me ha dejado el pelo con mechas californianas a lo Gisele Bündchen y se han creído que desde tan lejos nadie se va a dar cuenta de la diferencia. 

En resumen, han sido unas vacaciones fantásticas, con aventura, parajes preciosos, comida excelente y gente estupenda.

Gracias a tod@s los que habéis formado parte de ellas.  

lunes, 5 de agosto de 2013

Visita a Monfragüe y Plasencia

Nuestra segunda excursión por tierras extremeñas fue más tranquila.
Como apretaba el calor, y todavía teníamos agujetas del día anterior, decidimos hacer la ruta en coche por el Parque Nacional de Monfragüe. 

En apariencia era un plan sencillo, o eso pensábamos nosotros hasta que mi hijo se mareó en el coche nada más entrar en el parque, y nos encontramos con la necesidad de parar el coche para cambiarlo de pies a cabeza.
Los tres coches que venían detrás no se tomaron muy bien nuestra parada en ese tramo que no llegaba a ser arcén.

Haciendo gala de mi falta de cualidades como madre precavida no había cogido una muda en previsión de que algo así pudiese ocurrir.  
Con mi hijo en calzoncillos seguimos camino adelante lo más dignamente posible. 
Nuestra salvación llego pronto, la típica tienda de recuerdos donde nos vendieron una camiseta descolorida de recuerdo a un precio desorbitado, pero la alternativa era exhibir a mi hijo semi desnudo por el parque a la vista de los buitres y los linces hambrientos. 

Afortunadamente la mayor parte del itinerario lo hicimos en coche, y solo tuvimos que dar explicaciones de por que mi hijo llevaba esas pintas cuando quisimos subir al castillo de Monfragüe, donde nos encontramos unas vistas preciosas y una escalera digna del récord Guiness, o cuando nos asomamos al Salto del Gitano, un mirador increíble sobre el Tajo por el sobrevuelan a escasos metros de los observadores todo tipo de aves rapaces. 
La parada a comer fue de traca. Un consejo, cuidado con lo que habláis delante de vuestros hijos que luego todo lo cascan. 
Era un restaurante muy agradable, pero la vajilla había vivido tiempos mejores y los platos estaban desportillados. Nosotros lo comentamos, y a mi hijo le faltó tiempo de sacarle los colores al camarero haciéndole notar que nos había puesto platos "muy rotos". 

Un rato después nos sacó los colores a nosotros. Nos habían puesto tres bollitos de pan realmente ricos, y como solo nos habíamos comido la mitad le dije a mi chico que nos llevábamos los que quedaban para merendar. 
Cuando llegó el camarero a recoger la mesa estábamos charlando despistados, y mi hijo (que no se le escapa una) empezó a gritarle a señor -¡no se lleve el pan!, mami que se lleva el pan de la merienda. 
El camarero se vió tan apurado que hasta se ofreció a regalarnos un par de bollitos extra. 

Antes de volver a nuestro chozo decidimos darnos una vuelta por la monumental Plasencia, y seguir presumiendo un rato de estilazo veraniego.
Seguro que en la Catedral todavía están comentando la retaila de preguntas de mi vástago sobre todo lo que allí vio. 

Lo que más preocupado le tenía era el motivo para tener a "ese señor en la X", o donde viven ahora los Reyes Magos que no se dignaron aparecer por aquel castillo tan estupendo que resultó ser el Parador. 

En resumen, un día de lo más intenso.


sábado, 3 de agosto de 2013

#Sábado de sensaciones - Retazos de las vacaciones

Hoy nos unimos a la exposición fotográfica virtual quincenal de Sábado de Sensaciones. 

Os dejo algunos retazos de nuestras vacaciones y las etiquetaría en varias de las categorías propuestas; naturaleza, instantes, sabores y sonrisas.






jueves, 1 de agosto de 2013

La Garganta de los Infiernos

En el mismísimo infierno he estado de vacaciones.
Bueno, en realidad hemos estado en la Garganta de los Infiernos, y suena más dramático de lo que es. Este increíble paraje está en el Valle del Jerte, en Cáceres.

Para mi pequeña familia unas buenas vacaciones deben tener un par de ingredientes fundamentales: contacto con la naturaleza y aventura. 
Como aventuras hemos vivido unas cuantas me vais a permitir que os lo cuente todo por capítulos, para no aburriros demasiado. 

Empecemos por el alojamiento. Escogimos un alojamiento rural, Los Chozos, muy funcional ya que son casitas independientes y estratégicamente situado en medio del valle. Justo en frente hay una piscina municipal con la que tienen un acuerdo, y para los residentes es de acceso gratuito. 
A ambos lados dos restaurantes estupendos (ya sabéis que no destaco por mis dotes culinarias). 

En cinco minutos en coche llegas al acceso a la Garganta, donde está el Centro de Interpretación de la Naturaleza, primera visita obligatoria para pertrecharte de información y planos, cosa que nosotros no hicimos por estar cerrado el día que llegamos.

En lugar de darnos media vuelta, y dejar la primera excursión para el siguiente día, decidimos seguir adelante guiados por un atractivo cartelito de madera que indicaba "Ruta Los Pilones - 3 km". 
Aquello no podía ser para tanto. Llevábamos agua, gorras, calzado de montaña e íbamos bien embadurnados en crema. 

Cuando llevábamos 30 minutos de costoso ascenso, con intensos dolores musculares y respiración más que entrecortada, encontramos un simpático cartelito en madera que indicada "Los Pilones - 2.500 m". 
¿Qué? su pu... madre ¿sólo habíamos recorrido 500 m? Pero si ya no podíamos con nuestra vida. 

Menos mal que a esas alturas del camino siempre encuentras a los que ya van de vuelta, que te miran con lástima y ante tu cara de sufrimiento te dicen - ánimo, ya habéis pasado lo peor, y el final merece la pena. 

Lo peor del caso es que como no habíamos estado en el Centro de Información no teníamos ni idea de que era aquello tan atractivo que había al final del camino. 
Durante los siguientes metros nos adelantó un grupo de jóvenes que iba en chanclas, con una nevera playera y toallas. Aquello me hizo pensar que; 1. Nuestro destino era un parque acuático. 2. Aquellos descerebrados habían salido de fiesta la noche anterior y por la mañana en lugar del camino a la piscina empezaron a subir la montaña sin darse cuenta, todavía afectados por lo que habían tomado la noche anterior. 

Para mantener nuestra dignidad intacta parábamos de tanto en tanto con la excusa de hacer fotos de las maravillosas vistas, cuando en realidad lo que hacíamos era aprovechar para recuperar el resuello.
A todo esto mi incansable hijo trotaba feliz y ajeno al sufrimiento de sus padres. 

Cuando ya estábamos pensando en tirar la toalla vimos un cartel que indicaba que solo nos faltaban 500 metros más, y el camino mejoraba sustancialmente. Por lo menos ya no era una pendiente empinada y se podía oír el sonido del agua corriendo.

No estábamos preparados para lo que nos encontramos. Unas increíbles pozas naturales, de agua cristalina, llenas de bañistas con sus toallas y picnics. 
Lo de que no estábamos preparados es literal, porque como no sabíamos de la existencia de estas idílicas piscinas naturales ni llevábamos bañador, ni toallas, ni comida ¡¡mecachis!!

Pero ya sabéis que no conozco el desánimo, y tenía claro que no me iba de allí sin bañarme, así es que ni corta ni perezosa me metí en bragas y camiseta (tampoco se trataba de enseñarlo todo y que a alguno se le atragantase el bocadillo). 
Mi chico optó por alejarse discretamente y hacer como si no me conociese. 
Mi hijo, más solidario, se desnudó en 30 segundos y allá que se fue conmigo. 



Aquel baño mereció la caminata y otros 3 km que la hubiesen alargado. 

La vuelta la hicimos la mar de fresquitos. 
Lo mejor, cuando llegamos a ese punto del camino en el que nuestra experiencia nos permitió reconfortar a los agotados viajeros noveles, y animarles a seguir, ya que el final lo merecía, y lo peor ya lo habían pasado.

Eso sí, yo el resto de las vacaciones con el bañador colocado todo el día, no fuese a encontrarme otra de esas pozas maravillosas.

martes, 30 de julio de 2013

Vacaciones sin cobertura

El viernes previo al inicio de las vacaciones me burlaba de un amigo y su móvil estrellado, con la pantalla hecha literalmente añicos, pero operativo. 
Ironías del destino aquello se volvió en mi contra con fuerza arrolladora apenas cuatro días después. 


Os pongo en situación, segundo día de playa y de vuelta al hotel haciendo equilibrios con la bolsa de playa, la revista, el móvil, el niño... cataplóf, móvil contra el suelo desde un metro de altura. Pantalla rajada y una mancha interna de tinta azul oscuro que se iba extendiendo por momentos ocultando todo lo que cubría. 
Apenas pude dejar un mensaje indicando que mi móvil moría, el cual no tuvo ninguna trascendencia porque nadie me tomó en serio. 

Aquel momento debió ser digno de foto. Yo plantada en medio del cuarto, con el cadáver de mi móvil en una mano y con mis chicos en tensión, mirándome muy preocupados. Esperaban algún tipo de ataque de locura, llanto o destrucción, pero yo quedé catatónica. Confiando en mi "peazo móvil" no había llevado portátil, ni tablet, ni ningún otro artilugio tecnológico que lo pudiese sustituir. El zapatófono de mi chico apenas nos servía para llamar de vez en cuando a la familia para que supiesen que seguíamos vivos. 

Adiós mundo virtual, adiós blog, adiós redes sociales, adiós wasap.

Tuve fiebre, delirios y convulsiones durante dos días. El amanecer del tercer día apenas me quedaba un ligero tic en el ojo izquierdo, y un temblor prácticamente imperceptible en la mano derecha. 

Decididos a superar juntos aquello bajamos a la playa. La verdad es que estuve tan entretenida que casi ni lo eché de menos. 
La pistola de agua que mi hijo llevaba preparada, para expulsar a los jetas que siempre se te cuelan delante, apenas nos sirvió para que los vecinos se rieran de nosotros. Hubiésemos necesitado un cañón, porque resulta que ahora la moda es llevarse un toldo de cuatro postes, con  mesa, sillas, neveras y otras doscientas cosas más (y yo pensaba que iba cargada).
Después de aquel despliegue, que incluía piscina hinchable para los niños, mis vecinos quedaron agotados, así es que se sentaron a disfrutar del resultado de su trabajo con unos cubatas en la mano y quitándonos la vistas. 
En toda la mañana no les vi ni mojarse los pies. Aunque no me extrañó, debían temer que alguien asaltase su mansión.

Os enseñaría una foto, pero os recuerdo que mi móvil había muerto y yo estaba en pleno síndrome de abstinencia.

No os engañaré, la visita por la tarde a la piscina del hotel fue mucho más dura. Allí todo el mundo parecía presumir de móvil frente a mi, incluso vi a tres personas leyendo en sus tablets. 
Para superar mi pérdida lo mejor era compartirla, así es que me dediqué a tirarme a bomba tratando de salpicar a los cyber-veraneantes despistados. 

Enajenada por mi dolor traté de sustituir el envío de mails por el arcaico sistema de envío de postales. Las abuelas están encantadas con los garabatos de su nieto, aunque no han entendido muy bien mis desvaríos sobre dolor, sufrimiento y la pérdida de mi "peazo móvil", aunque las lágrimas en la postal (que confundieron con agua de mar) les han conmovido mucho.

En un momento de desesperación absoluta incluso llegué a inventar un rudimentario sistema de comunicación que pretendía sustituir a mi wasap. Dejaba notas escritas en servilletas a la gente y esperaba ansiosa la respuesta con su correspondiente emoticono. Tuve que desistir cuando la gente empezó a preguntarme qué vendía. Incluso hubo quien me dio un euro pensando que iba pidiendo, tal era mi cara de agonía y sufrimiento infinito. 



Menos mal que por la noche contábamos con la animación del hotel para desconectar. 
Era catártico ver a aquellos cuatro haciendo el ridículo y cantando a voz en grito en la mini disco delante de las hordas de niños enloquecidos. 

Luego venía el trenecito (la conga de Jalisco de toda la vida) y se llevaba a los peques al mini cine. Una pantalla arrugada donde proyectaban pelis piratas (que no de piratas) con un volumen atronador. 
La primera noche nos liaron, pero el resto de días, ejerciendo de malos padres, le hicimos creer a nuestro hijo que el cine se había roto.

Pero estas vacaciones han sido muy largas y han dado para mucho más, y ahora que vuelvo a tener conexión a la red os lo pienso contar todo por capítulos, y este solo ha sido el primero.



sábado, 13 de julio de 2013

Mis básicos del verano

Tanto blog de moda, salud y estilo como leo últimamente empieza a hacer mella en mi. 
Esta mañana me he sorprendido pensando que no me podía marchar de viaje sin contaros cuales serán mis básicos fundamentales durante estas vacaciones. Y como me encanta hacer fotos y montajes, me he hecho dos collage en un periquete. 


Durante mis vacaciones no pienso olvidarme las gafas de sol graduadas (que si no voy cegatona perdida y con los ojos guiñados). 

Mi bolso naranja flúor adquirido el año pasado. Discreto no es, pero práctico lo es mucho. No hay ladrón que se atreva a quitártelo porque se le vería a la legua, y es imposible que tu hijo te pierda de vista. 

Mi nuevo gorro, customizado por mi amiga Natalia. Voy dispuesta a crear tendencia, y ya de paso no se me calienta la azotea, que luego se me quema la raya del pelo y duele un montón.  

Y por supuesto mi esmalte favorito, color coral. No me lo quito. 

Ya veis que discreta no iré. Si me encontráis por la playa o la montaña me saludáis,  que yo igual me estoy dando un baño y sin las gafas ya os digo que no veo. Aunque este año con mi bolso/baliza fijo que encuentro la toalla y no me pierdo como el año pasado. 



Ahora los básicos del canijo. 
Su toalla nueva de Spiderman. 
El bañador. Gorrita para el sol. Veremos si conseguimos que se la ponga. Gafas de sol para evitar los destellos reflectantes de mi bolso. Afortunadamente ha sacado la buena vista del padre. 
Pistola de agua para atacar a los vecinos gorrones que intenten colocar sus toallas delante nuestra en la playa, que siempre llega algún listo dos horas después y quiere ser el primero. 

Los básicos del papá no los fotografío; prensa y tabaco. 

Por supuesto dentro del coche, en el carrito que arrastraremos detrás y en la vaca supletoria llevaremos un millón de cosas más, entre ellas mucha crema solar y el e-book. 



¡¡ FELICES VACACIONES !!

jueves, 11 de julio de 2013

Vacaciones con niños

Ahora que están tan próximas las vacaciones no quiero dejar escapar la ocasión de daros mis recomendaciones sobre el veraneo ideal. 
Como siempre, es mi particular punto de vista sobre como disfrutar estos ansiados días.
Mis planes preferidos en orden serían:  

1º. Dejar a l@s niñ@s con los abuelos, tíos, primos... y huir un par de semanas. 
Si esta opción os parece inviable por no tener familia con quien dejarlos, o por ser  demasiado desalmada para vuestras tiernas conciencias, podéis seguir leyendo.
Si esta os cuadra os garantizo que es la única forma de disfrutar de las vacaciones y descansar, y no os haría falta seguir leyendo. 


2º. Conocer mundo. Desde que nació el peque no viajamos al extranjero, y no veo el momento de retomarlo. Ainsss que triste y vació está mi pasaporte. 
Acepto sugerencias de sitios chulos que visitar con niños, que no sean Eurodisney o Disneyland. 

3º. Si os gusta la montaña: no lo dudéis, hay que optar por casas/hoteles rurales con animales y huerto propio. Eso mantendrá entretenidos a los niños el tiempo suficiente como para sentaros un rato a disfrutar de las vistas y del olor a campo. Os garantizo que se les pasarán las horas muertas dando de comer a los bichos y recolectando zanahorias. Mis favoritos: Agroturismo Mari Cruz en Navarra, Jesuskoa en País Vasco y La Bárcena en Cantabria. 

4º. A los que os gusta la playa: buscad un hotel de esos que tiene animación y "club infantil",  " baby club" (o como lo llamen) a ser posible las 24 horas. Será la única forma de poder tomar el sol tranquilamente, e incluso de poder leer estirada en la tumbona, sin tener que andar corriendo detrás de vuestr@s hij@s.  Será el dinero mejor invertido del mundo. Nosotros hemos estado en ese plan en Menorca y Huelva

5º. Tenemos pueblo. Esta opción mola. Tiene dos ventajas: nos ahorramos el hospedaje y, como hará mucho que no vamos, l@s abuel@s tendrán ganas de presumir de familia y se dedicarán a pasear a vuestros hij@s y a presentársel@s a las vecinas con el típico - "has visto que mayor está mi niet@. Es más alto, mas rubio y más guapo que la fea de tu nieta, que mira que es antipática la jodía. Anda hijo, dale un besito a la Mari. "
Mientras tanto vosotr@s de cañitas en la terraza de la plaza del pueblo.




6º. Me toca quedarme en Madrid (mi ciudad). Mala suerte, otro año será. Apunta a la criatura a algún campamento urbano que incluya piscina, porque ya sabes que hasta las ocho de la tarde no le podrás bajar al parque. Si tienes conocidos con piscina en su bloque ha llegado el momento de estrechar lazos y profundizar en vuestra relación. 
A los de Madrid os doy un par de planes gratis: Madrid Río (nuestra playa urbana con muchas zonas de juego) y Titirilandia, el festival de títeres en el parque de El Retiro del 4 de julio al 25 de agosto. 

7º. Soy de gustos especiales. No te pierdas la guía que han hecho Familias en Ruta porque es imposible no encontrar un plan que te guste. 

Todas estas opciones están testadas por esta mala madre y son muy recomendables.
Escojáis lo que escojáis espero que lo paséis fenomenal y que me hagáis llegar  vuestras recomendaciones para futuros veraneos. 


¡¡ FELICES VACACIONES !!
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