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lunes, 24 de junio de 2013

Pura supervivencia

Los que me conocéis ya sabéis que soy una mujer osadamente aventurera, y hoy he tenido que echar mano de mis capacidades y mis conocimientos sobre supervivencia. Lo que no esperaba es que tuviese que ser en la oficina. 

Desde que soy carne de gimnasio me tengo que traer la comida a la oficina. De lo contrario nuestro entrenador personal nos regaña por no haber comido, y más de una (no diré nombres) ha sufrido un jamacuco en medio del castigo entrenamiento por no alimentarse debidamente.

Una vez más mi escasa memoria me jugó una mala pasada. He de confesar que me pongo una alarma para acordarme de coger la comida antes de salir de casa, pero no se me ocurrió ponerme otra que me recordase coger los cubiertos. 

Pues aquí me tenéis, la hora de la comida y yo sin cuchillo ni tenedor. 
Pero como no conozco el desánimo empecé a buscar alternativas. No podía ser para tanto. Si el tío ese de la tele hacía milagros con un clip y un hilo imaginaos yo rodeada de material de oficina. 
Un primer vistazo me sirvió para descartar. Con la grapadora, el celo, el quita grapas  y la calculadora no había mucho que hacer. Pero los catálogos de publicidad me podían servir de cuchillos. No sería la primera vez que me corto manejándolos. 

Ahora me faltaba el tenedor. Usar los dedos era implanteable porque había traído ensalada de judías verdes con pavo y queso 0% (a tope con la operación biquini 2015). 
La lima de uñas para casos de emergencia me daba un poquito de asco. 
Los rotuladores de colores en plan palillos chinos tampoco. Me los quitan constantemente y cuando me los devuelven los capuchones están mordidos. 
Un par de lápices... para que engañaros, comer con palillos no es lo mío. 



Entonces tuve una idea. Podía perpetrar un asalto al office de la planta (cerrado con llave y 7 candados), solo accesible a jefes y muy bien surtido. 
Como no no soy jefa decidí usar la socorrida tarjeta de crédito y forzar la puerta, pero nada, aquello no se abría. 

Viendo que se aproximaba la hora de comer y no había realizado ningún progreso decidí liarme la manta a la cabeza y arriesgarme un poco más. 
Fui a buscar al amo del calabozo y le supliqué que me abriese la puerta para tomar prestado un tenedor y un cuchillo. Y gracias a su misericordia pude comer. 

Moraleja: No hagáis dieta en horario de oficina, y si la hacéis no os olvidéis los cubiertos. 

miércoles, 19 de junio de 2013

Fenómeno FAN

Cada día que pasa le encuentro más ventajas a esto de tener amigas malas madres de parque (incluyo a los papás que se nos han unido). Entre muchos beneficios está el de la información. Ahora me entero de más cosas, que antes ignoraba por mi naturaleza despistada. Por ejemplo; en la última semana gracias a los sabios consejos de mis nuevas amigas he adquirido una cera repara parqué estupenda, una alfombra de plástico que va a evitar la extinción de la poca madera que quedaba en el estudio, y ahora se como preparar una pizza que no es pizza y lo mejor de todo ¡¡no engorda!! (casi nada).

Pero sin lugar a dudas la información más valiosa que me han filtrado esta semana ha sido que venían los Cantajuegos al barrio y gratis. Sí, yo tampoco me lo creía cuando me lo contó por WhatsApp mi chico.

Os pongo en situación. Ya sabéis mi teoría de que lo malo hay que repartírselo al 50%, por eso yo recojo del cole al niño dos días en semana, su padre otros dos y los abuelos el que falta. Luego cada cual se organiza la tarde a su gusto. 
Pues yo estaba ayer de libranza, reponiéndome de una dura sesión de gimnasio cuando recibí el WhatsApp. A la salida del cole Estela, una de mis nuevas amigas y estupenda fuente de información (ella fue la que me descubrió la maravillosa peluquería con videoconsolas y dibujos), les contó que en el centro comercial del barrio iban a estar esa misma tarde los... Cantajuegos (cada cual que elija el adjetivo que más le agrade, yo tengo muy claro el mío). 

Mi chico, pura osadía, ni corto ni perezoso se puso en ruta y allá que se fue. Yo no daba crédito mientras leía su relato en tiempo real por el móvil  Entre otras razones porque el año pasado la tuvimos  bien gorda porque saqué entradas para ver a los... Cantajuegos con otro amigos y él pasó olímpicamente del planazo, lo que supuso tener que tirar de abuelos una vez más. 

Pues ahí lo tenéis,  el padre del mes, haciéndose hueco entre las masas (creo que aquello era peor que un concierto de los Rolling). Ni Bisbal en su última gira ha tenido tanto éxito. 
Los niños enfervorecidos, las mamás desesperadas por colocar a sus retoños en primera fila y que fuesen tocados por estos iluminados de la música infantil. Los abuelos abriéndose paso con los carros para ver si era verdad que regalaban bocatas, incluso algún despistado que confundió aquello con la ventanilla de sellar el paro.
Papá, muy prudente, se quedó en la segunda planta observando el espectáculo desde las alturas. Esto le funcionó muy bien hasta que el grupo apareció en escena y a mi hijo le entró un ataque de llanto emocionado-desesperado, al más puro estilo fan de Justin Bieber, que obligó a su padre a meterse en medio del fregado. 

Según luego me confesó nunca hasta la fecha había pasado tanto miedo. Todo valía para acercarse al improvisado escenario, carros de la compra a modo de ariete, codos afilados, y el siempre socorrido empujón empujón empujón. 

Después de 4 canciones que los niños corearon y bailaron entusiasmados (que levante la mano quien no se sepa la coreo de "taza, tetera, cuchara, cucharón"), empezó lo realmente interesante, la venta y firma de discos, o ¿es que de verdad pensabais que aquello era gratis?
Pero Papá ahí estuvo ágil, y antes de que el incauto del peque se diese cuenta corrían desaforadamente en dirección a la calle y de vuelta a casa. 
Llegaron encantados, uno por el concierto y el otro por librarse de la compra.


¡¡ Qué gran tarde !!

Sobre todo para mi que estaba disfrutando del sofá en exclusividad.

jueves, 23 de mayo de 2013

La peor madre versión fitness - nueva imagen

Gracias a Sergio, el talentoso creador de la imagen gráfica de La Peor Madre del Año, ésta se viste de sport y se calzas sus zapatillas deportivas. 

Ahora sus peripecias en el gimnasio irán acompañadas de esta imagen




Gracias por colaborar con el blog y por poner tu talento y creatividad a nuestra disposición.

¡¡ La peor madre del año te adora !!

Besotes. 

martes, 14 de mayo de 2013

Razones para odiar a mi entrenador personal

Ya sabéis que mis amigas siempre me llevan por el mal camino, y esta vez no podía ser distinta. 
Yo vivía feliz sin mover un dedo desde que nació mi hijo, acumulando kilos y experiencia.
Tenía el trabajo repartidito; el niño la lavadora, el padre el lavavajillas, la abuela la plancha... yo jefa y señora coordinando su trabajo. Hasta que una amiga hizo "un gran descubrimiento". Enfrente de la oficina nos abrían un pequeño gimnasio. Fueron tres a verlo y volvieron encantadas, - está fenomenal - me decían, - tendremos un entrenador personal solo para nosotras 4, - elegimos días y horarios que somos de las primeras, - nos hace un programa a medida para adelgazar... vamos, una propuesta imposible de rechazar.  
Entonces llegó el primer día y allí estaba plantado Julián con su sonrisa más irresistible. Ya me dio mala espina que nos hiciese la ficha mientras caminábamos sin parar en la cinta. Vaya modales. Yo esperaba una charlita relajada, unos cafés, alguna pastita... pues no, - hola chicas, a la cinta. 


A continuación nos preguntó lo que habíamos comido. Nuestros menús eran de los más variados, desde nada, pasando por un yogur caducado, hasta el socorrido sandwich de pavo. No dirá que le engañamos.

Como era el primer día fue discreto y no nos preguntó el peso, pero no tengo esperanzas de que nuestra buena suerte dure mucho más. 

Después de la cinta un circuito, después del circuito la cinta, luego otro circuito y más cinta. Fue la hora mas larga de mi vida, y todo acompañado de sus ánimos y sus sonrisas. 

Lo peor, un aparato con barras, poleas y espejo que nada envidia a los del cuarto de juegos del Sr. Grey (el de las 50 sombras) y que acabó con nuestra ya extinta energía. 


En ese preciso momento empecé a odiar a mi entrenador personal. 
Imposible escaquearse un nanosegundo. Cuando hacías el amago de pararte ahí estaba él, incorruptible. 

La vuelta a casa, tras la promesa de volver dos días después, fue muy dura. Levantarse al día siguiente fue peor. No había músculo que no me doliese. 

El segundo día llegó antes de lo esperado y, aunque parezca mentira, fue infinitamente peor que el primero. Julián nos presentó la elíptica y nos infló a sentadillas. 
Además nos hizo prometer que durante el fin de semana también haríamos 2 horas de ejercicio, dejando muy claro que ir de compras calle arriba calle abajo no entra dentro de esa categoría. ¡¿Cómo se puede ser tan cruel?!

También nos insistió mucho en la importancia de merendar fruta después de nuestras sesiones. Las fresas son muy recomendables, lo que no le pareció tan acertado fue mi sugerencia de acompañarlas de chocolate fundido. ¡Qué quisquilloso!

Sospecho que tiene un plan. Somos su reto y se ha propuesto ponernos en forma para demostrar que es un entrenador excelente, a prueba de vagas redomadas, o quizás pretende hacernos correr una maratón en septiembre, o algo peor, el próximo triatlón, de lo contrario no tiene sentido que nos tome tan en serio. 

Yo era una persona feliz, dormía bien, roncaba a pierna suelta... ahora por las noches tengo pesadillas y hablo en sueños, grito - no Julián, lo prometo, no he tocado los mandos, sigo a velocidad 6 intensidad 5 -, o suplico, - por favor, por favor, déjame bajar de la elíptica.

No obstante, mi naturaleza optimista me hace ver que todo esto ha traído dos cosas buenas. 
1ª. Se me va a poner un tipo estupendo, a lo Maddona, porque si seguimos así me veo tomando esteroides y con músculos hasta en las pestañas. 
2ª. Esto me ha unido más a mi hijo. Ahora entiendo sus miradas suplicantes y sus ruegos después de las clases de gimnasia, - mami desapuntame de multi. 

¿Y quién me desapunta a mi del gimnasio?

Lo que mi entrenador no sabe es que tengo un objetivo. Me he propuesto buscarle tantos clientes como sean necesarios para tenerle agotado, y que cuando nos toque a nosotras la clase no le queden ganas de asegurarse de si he manipulado accidentalmente la velocidad de la cinta mientras él andaba despistado.

¿Qué decís? ¿os apuntáis al gimnasio?







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