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domingo, 2 de febrero de 2014

Tengo un whatsapp de "los padres sufridores"

Todo comenzó una bonita y ventosa tarde de junio. Celebrábamos con un botellón en el parque el cumpleaños de uno de los compis de clase de la fiera.
Ese día descubrí que no era la unica #malamadre del cole. Por supuesto el paso siguiente fue intercambiar teléfonos y mails con mis recién estrenadas malas madres de parque. 

Algunas semanas después, y con motivo de una excursión de fin de curso al Retiro (os recuerdo que hablamos de niños que por entonces tenían 3 años), creamos un grupo de WhatasApp para enviar fotos e informar de lo que iba sucediendo durante la jornada a los papás/mamás que no pudieron acudir. 
Aquello fue el germen de lo que ahora tenemos.  

El grupo de WhatsApp "padres sufridores" que arrancó con 8 contactos, ya tiene afiliados a prácticamente la totalidad de los padres/madres de la clase de la fiera.

Durante el verano de 2013 arrancó una tímida relación en la que nos intercambiábamos alguna foto del veraneo y chistes  gráficos.

Con la vuelta al cole el grupo acogió nuevos miembros y, gracias a la inestimable colaboración del nuevo profesor, adquirió un impulso delirante. 

El nuevo profesor, un joven altamente cualificado y extremadamente motivado, decidió que era una buena idea mandar deberes los fines de semana, y ese fue el verdadero origen de la explosión de actividad de nuestro grupo de WhatsApp. 


En octubre la fiera y sus compañer@s llegaron a casa con una hoja que contenía, entre otras actividades, una adivinanza; "caen y caen sin parar y no dejan de bailar" (no consigo olvidarla).
¿Qué era aquello? ¿una prueba para los niños o en realidad estaba poniendo a prueba a los padres/madres?
Por supuesto no teníamos ni idea. Sí, seguro que ahora salta el listill@ de turno que es facilísimo, pero a nosotros nos tuvo todo el fin de semana enfangados, hasta que los niños decidieron confesar la respuesta (porque ellos sí lo sabían). Reconozco que yo hasta lo busqué en San Google.

La segunda gran crisis del grupo llegó con motivo de la Navidad. El profesor decidió ser creativo, y cuando ya estábamos todos desempolvando los disfraces de pastores del año anterior nos mandó una escueta nota. Entre las múltiples opciones estaba: lobo, muñeca y turrón.
Aquello nos tuvo hasta la madrugada debatiendo qué pretendía hacer el innovador profesor, que estaba montando un popurri con los viejos anuncios de la tele.
Mi hijo, que no acudió ese día a clase, no tenía nota. Lo que me sirvió de escarnio público, ya que me hicieron creer que a la fiera le tocaba ser "el calvo de la lotería". 
Esa noche el móvil ardía. Nos cyber-atropellábamos por dejar nuestras impresiones, a cual más delirante, sobre la fiesta de Navidad. 

A la mañana siguiente, y sin saber como disfrazar a los niños de muñecas Famosa, o cómo elaborar una tableta de turrón gigante, acosaron al profesor a la entrada del cole (yo me lo perdí por estar trabajando), hasta que explicó más detenidamente lo que esperaba de nosotros. Afortunadamente ya nos va conociendo, y esperaba poco de nuestro ingenio. Rebajó sustancialmente la dificultad de los disfraces hasta dejarlo en casi nada. Bendito profesor. 

Superado el hito, y encantados con el popurrí y la fiesta de Navidad nos fuimos de vacaciones.
Como no podía ser de otro modo el año nuevo nos deparaba nuevas sorpresas. Y no tardaron en llegar.
La primera fue que el profesor había enviado de forma encubierta "unos deberes" para las vacaciones
La mitad de los padres no se habían enterado y la víspera de la vuelta al cole el móvil no dejaba de sonar pidiendo información de qué era lo que había que hacer y donde estaba la dichosa carpeta de las tareas, que algunos decían tener y la mayoría no tenía. Aquello fue un diálogo de besugos en toda regla. Hasta que una voz sensata lo explicó y aclaró todo. 

Transcripción literal de la conversación:
Sujeto 1. Gente... tenemos un problema. Qué deberes eran los que había que entregar???
Iban en la carpeta???
Sujeto 2. Sí, eran 4 hojitas creo...
Sujeto 1. Unos dibujos de casas y círculos etc?
Sujeto 3. Tenían que colorear.
Sujeto 1. Eso lo tengo pero la carpeta roja no.
Sujeto 3. Si.
Sujeto 4. En la bolsa roja.
Sujeto 1. Osea q la carpeta roja si la dieron??? En la bolsa no la tengo.
Sujeto 4. Con los trabajos del 3mestre.
Sujeto 3. Sí, y la carpeta dentro de la bolsa roja :-) :-)
Sujeto 1. Joer nosotros no tenemos la carpeta. Ainssss
Sujeto 5. Nosotros tampoco  XD 
Sujeto 6. Yo no sabía que había que entregarlos.
Sujeto 7. (Iconos con lágrimas en los ojos). Estamos hechos unos padrazos jajaja
Sujeto 8. La bolsa roja la dieron pero los deberes venían en una carpeta de Mica. La roja no venía.  X lo menos a nosotros no. 
Sujeto 9. A nosotros tampoco nos venía la carpeta, pero no os preocupéis porque no hay que entregarlos, era para que trabajaran un poco en vacaciones. 
Sujeto 10. A mi me lo dijo mi hijo pero no sabía si era verdad.
Sujeto 11. JAJAJA menudo arranque de curso ¡¡qué estrés !! Si me autorizais este diálogo lo pego literal en el blog  (caritas con lagríamas de risa)

Y hasta aquí las peripecias de "los padres sufridores", pero tranquilos, tengo mucho más que contar.



martes, 30 de julio de 2013

Vacaciones sin cobertura

El viernes previo al inicio de las vacaciones me burlaba de un amigo y su móvil estrellado, con la pantalla hecha literalmente añicos, pero operativo. 
Ironías del destino aquello se volvió en mi contra con fuerza arrolladora apenas cuatro días después. 


Os pongo en situación, segundo día de playa y de vuelta al hotel haciendo equilibrios con la bolsa de playa, la revista, el móvil, el niño... cataplóf, móvil contra el suelo desde un metro de altura. Pantalla rajada y una mancha interna de tinta azul oscuro que se iba extendiendo por momentos ocultando todo lo que cubría. 
Apenas pude dejar un mensaje indicando que mi móvil moría, el cual no tuvo ninguna trascendencia porque nadie me tomó en serio. 

Aquel momento debió ser digno de foto. Yo plantada en medio del cuarto, con el cadáver de mi móvil en una mano y con mis chicos en tensión, mirándome muy preocupados. Esperaban algún tipo de ataque de locura, llanto o destrucción, pero yo quedé catatónica. Confiando en mi "peazo móvil" no había llevado portátil, ni tablet, ni ningún otro artilugio tecnológico que lo pudiese sustituir. El zapatófono de mi chico apenas nos servía para llamar de vez en cuando a la familia para que supiesen que seguíamos vivos. 

Adiós mundo virtual, adiós blog, adiós redes sociales, adiós wasap.

Tuve fiebre, delirios y convulsiones durante dos días. El amanecer del tercer día apenas me quedaba un ligero tic en el ojo izquierdo, y un temblor prácticamente imperceptible en la mano derecha. 

Decididos a superar juntos aquello bajamos a la playa. La verdad es que estuve tan entretenida que casi ni lo eché de menos. 
La pistola de agua que mi hijo llevaba preparada, para expulsar a los jetas que siempre se te cuelan delante, apenas nos sirvió para que los vecinos se rieran de nosotros. Hubiésemos necesitado un cañón, porque resulta que ahora la moda es llevarse un toldo de cuatro postes, con  mesa, sillas, neveras y otras doscientas cosas más (y yo pensaba que iba cargada).
Después de aquel despliegue, que incluía piscina hinchable para los niños, mis vecinos quedaron agotados, así es que se sentaron a disfrutar del resultado de su trabajo con unos cubatas en la mano y quitándonos la vistas. 
En toda la mañana no les vi ni mojarse los pies. Aunque no me extrañó, debían temer que alguien asaltase su mansión.

Os enseñaría una foto, pero os recuerdo que mi móvil había muerto y yo estaba en pleno síndrome de abstinencia.

No os engañaré, la visita por la tarde a la piscina del hotel fue mucho más dura. Allí todo el mundo parecía presumir de móvil frente a mi, incluso vi a tres personas leyendo en sus tablets. 
Para superar mi pérdida lo mejor era compartirla, así es que me dediqué a tirarme a bomba tratando de salpicar a los cyber-veraneantes despistados. 

Enajenada por mi dolor traté de sustituir el envío de mails por el arcaico sistema de envío de postales. Las abuelas están encantadas con los garabatos de su nieto, aunque no han entendido muy bien mis desvaríos sobre dolor, sufrimiento y la pérdida de mi "peazo móvil", aunque las lágrimas en la postal (que confundieron con agua de mar) les han conmovido mucho.

En un momento de desesperación absoluta incluso llegué a inventar un rudimentario sistema de comunicación que pretendía sustituir a mi wasap. Dejaba notas escritas en servilletas a la gente y esperaba ansiosa la respuesta con su correspondiente emoticono. Tuve que desistir cuando la gente empezó a preguntarme qué vendía. Incluso hubo quien me dio un euro pensando que iba pidiendo, tal era mi cara de agonía y sufrimiento infinito. 



Menos mal que por la noche contábamos con la animación del hotel para desconectar. 
Era catártico ver a aquellos cuatro haciendo el ridículo y cantando a voz en grito en la mini disco delante de las hordas de niños enloquecidos. 

Luego venía el trenecito (la conga de Jalisco de toda la vida) y se llevaba a los peques al mini cine. Una pantalla arrugada donde proyectaban pelis piratas (que no de piratas) con un volumen atronador. 
La primera noche nos liaron, pero el resto de días, ejerciendo de malos padres, le hicimos creer a nuestro hijo que el cine se había roto.

Pero estas vacaciones han sido muy largas y han dado para mucho más, y ahora que vuelvo a tener conexión a la red os lo pienso contar todo por capítulos, y este solo ha sido el primero.



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