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domingo, 11 de agosto de 2013

La sorpresa de los Papuos

Hoy toca el último capítulo de las vacaciones 2013 de la peor madre del año, mi favorito. 

Nuestra última aventura surgió fruto de la pereza, una de mis principales cualidades. Ya llevábamos tanto andado, y tantas agujetas a cuestas que, cuando José Luis de Natur-Extremadura nos ofreció hacer una bonita visita a la garganta de los Papuos en coche, no lo dudamos. 

Como yo ya iba escarmentada de la primera excursión, lo primero que me puse por la mañana antes de salir fue el bañador. Amaneció un poco nublado, pero se agradecía mientras caminabas porque así no hacía tanto calor. 

Es una excursión que dura toda la mañana. Primero subes en un coche eléctrico monísimo, cero ruido, cero contaminación, hasta lo alto de un monte donde hay unas vistas espectaculares del Valle del Jerte. 
Pasas junto a los huertos de cerezos y luego te adentras en un bosque de robles y castaños. Cuando el coche no puede llevarte más allá toca caminar, pero es un recorrido muy asequible, sobre todo teniendo en cuenta nuestro nivel de senderismo. Lo mejor de todo llega al final, y es que el camino desemboca en el lugar con más encanto que he conocido hasta el momento. 


Esta excursión fue un capricho (asequible), un lujo en toda regla, porque contamos con José Luis para nosotros tres en exclusividad. Fue nuestro guía particular, y durante el camino nos fue explicando las características de los árboles, plantas y animales que íbamos viendo. 
Durante el trayecto nos encontramos mariposas de mil colores que parecían seguirnos en nuestro paseo. A mi amiga Sandra le hubiese encantado. 


Al final de la ruta nos esperaba una poza increíble, con una cascada de agua helada. No lo dudé. Antes de que alguien tratase de impedírmelo me lancé al agua. Fui la única. El agua estaba heladísima, pero fue una sensación fantástica. Estaba en el paraíso. 

La anécdota del día fue que nuestro guía nos dio un pequeño susto. Tuvo una bajada de tensión y pasó un mal rato. 
Como ya sabéis, a mi la imaginación me vuela rápido. En un momento empecé a barajar todas las posibilidades. Allí no había cobertura para llamar a nadie, lo cual a mi me daba igual porque no tenía móvil. 
Llevárnoslo a rastras era literalmente imposible, no porque pesase mucho, si no por lo dificultoso del camino y porque no teníamos ni idea de como volver.
Cuando se recuperó yo ya estaba afilando un palo para salir a cazar un venado, y encendiendo el fuego con dos piedras. Mi hijo tenía medio terminada la choza en un roble enorme que había junto a la poza, y mi chico nos miraba con cara de "no se os puede sacar de casa". 

Fue un alivio que José Luis se recuperase, sobre todo porque nos sorprendió con un picnic delicioso a base de jamón serrano, queso de cabra y pan de pueblo, acompañado de cervecita y refrescos bien fresquitos. 


En el viaje de vuelta nos ofreció conducir el coche, pero el único que se atrevió fue mi hijo. 

Escribiendo esta entrada me he dado cuenta de que no le llegamos a preguntar a qué se debía ese nombre tan curioso "Papuos". Habrá que investigarlo.

La mayor sorpresa fue cuando llegamos a casa y vimos que me han convertido en modelo de portada, y es que la foto de mi inolvidable baño en aquella maravillosa poza se ha convertido en reclamo publicitario. 
Supongo que se debe a que el sol playero me ha dejado el pelo con mechas californianas a lo Gisele Bündchen y se han creído que desde tan lejos nadie se va a dar cuenta de la diferencia. 

En resumen, han sido unas vacaciones fantásticas, con aventura, parajes preciosos, comida excelente y gente estupenda.

Gracias a tod@s los que habéis formado parte de ellas.  

lunes, 24 de junio de 2013

Pura supervivencia

Los que me conocéis ya sabéis que soy una mujer osadamente aventurera, y hoy he tenido que echar mano de mis capacidades y mis conocimientos sobre supervivencia. Lo que no esperaba es que tuviese que ser en la oficina. 

Desde que soy carne de gimnasio me tengo que traer la comida a la oficina. De lo contrario nuestro entrenador personal nos regaña por no haber comido, y más de una (no diré nombres) ha sufrido un jamacuco en medio del castigo entrenamiento por no alimentarse debidamente.

Una vez más mi escasa memoria me jugó una mala pasada. He de confesar que me pongo una alarma para acordarme de coger la comida antes de salir de casa, pero no se me ocurrió ponerme otra que me recordase coger los cubiertos. 

Pues aquí me tenéis, la hora de la comida y yo sin cuchillo ni tenedor. 
Pero como no conozco el desánimo empecé a buscar alternativas. No podía ser para tanto. Si el tío ese de la tele hacía milagros con un clip y un hilo imaginaos yo rodeada de material de oficina. 
Un primer vistazo me sirvió para descartar. Con la grapadora, el celo, el quita grapas  y la calculadora no había mucho que hacer. Pero los catálogos de publicidad me podían servir de cuchillos. No sería la primera vez que me corto manejándolos. 

Ahora me faltaba el tenedor. Usar los dedos era implanteable porque había traído ensalada de judías verdes con pavo y queso 0% (a tope con la operación biquini 2015). 
La lima de uñas para casos de emergencia me daba un poquito de asco. 
Los rotuladores de colores en plan palillos chinos tampoco. Me los quitan constantemente y cuando me los devuelven los capuchones están mordidos. 
Un par de lápices... para que engañaros, comer con palillos no es lo mío. 



Entonces tuve una idea. Podía perpetrar un asalto al office de la planta (cerrado con llave y 7 candados), solo accesible a jefes y muy bien surtido. 
Como no no soy jefa decidí usar la socorrida tarjeta de crédito y forzar la puerta, pero nada, aquello no se abría. 

Viendo que se aproximaba la hora de comer y no había realizado ningún progreso decidí liarme la manta a la cabeza y arriesgarme un poco más. 
Fui a buscar al amo del calabozo y le supliqué que me abriese la puerta para tomar prestado un tenedor y un cuchillo. Y gracias a su misericordia pude comer. 

Moraleja: No hagáis dieta en horario de oficina, y si la hacéis no os olvidéis los cubiertos. 

domingo, 28 de abril de 2013

Vamos al parque.

Uno de los principales defectos de una mala madre es que no le guste ir al parque, y una de las razones fundamentales es que en ese maravilloso lugar   no se pueden esconder los fallos a la vista de las madres de manual.
Cuando una mala madre baja al parque lo primero que le ocurre es que se siente desubicada. El motivo fundamental es que su falta de constancia hace que no establezca relaciones de amistad con otras madres que si son asiduas.
Consecuencia; llegas al parque y buscas desesperada alguien con quien hablar, esa madre tan simpática que se apiadó de ti la última vez que estuviste allí y te dio conversación. Lamentablemente no la ves por allí, posiblemente también era una mala madre que hoy ha conseguido escaquearse. 
Resignada a tu destino te dispones a buscar un buen rincón donde pasar desapercibida. 
Pero eso es casi imposible para la peor madre del año.
Cuando empiezas a relajarte tu hijo, que ha merendado estupendamente antes de bajar, mira con lástima, mientras se lamenta, al niño de al lado que está comiéndose unas galletas (aquí puedes añadir cualquier otra cosa como gusanitos, bocadillo, agua... ).
La buena madre de dicho niño se encarga de suplir tus carencias ofreciendo a tu hijo aquel "alimento vital" que tú has olvidado. Su generosidad va acompañada de una mirada de lástima hacia tu hijo, y de desprecio inmisericorde hacia ti. 
Después de deshacerte en agradecimientos te alejas discretamente del lugar, buscando otro rincón oscuro donde no ser reconocida como "la madre que no alimenta a su retoño".

Otra razón por la que no me gusta ir al parque es porque nunca acierto con los juguetes que mi hijo necesitará. Si llevo la bici esa tarde nos da por el cubo y la pala, que por supuesto tiene que dejarnos otra madre mas previsora y generosa. Si llevamos el cubo y la pala descubrimos con pavor que esa es la tarde de los coches, y así hasta el infinito.
El otro día decidí no ser sorprendida y bajar bien preparada. Sin nada que envidiar a un sherpa nepalí cargué con todos los juguetes.
Mi vecina del quinto cuando nos vio me preguntó si nos íbamos de vacaciones. Me dio vergüenza reconocer que solo iba al parque así es que le seguí la corriente y le conté un proyecto de viaje inexistente. (Las malas madres también somos mentirosas).
Cuando llegamos al parque y desplegué todo lo que llevábamos los niños creyeron que eramos la avanzadilla de los Reyes Magos, y las madres temieron que fuese a montar un mercadillo ilegal entre los columpios y el arenero.
Ante mi estupor mi hijo decidió que ese día lo único que le apetecía ere correr de punta a punta del parque, con su frustrada madre arrastrando una juguetería a sus espaldas. 

La última razón por la que no me gusta ir al parque es porque siempre me encuentro alguna madre psicótica. El último caso fue una mamá que vigilaba con preocupación a mi hijo, o mas bien el coche que me hijo llevaba en la mano. El drama se desencadenó cuando vio como mi hijo se metía el coche en el bolsillo del abrigo, juguete que dicha madre confundió con un coche de su hija. Cuando empezó a regañar a mi hijo y a acusarle de intento de robo tuve que intervenir. Con bastante paciencia le intenté hacer comprender que ese coche no era el de su hija, posiblemente se le pareciese,  incluso fuese igual, pero no era el suyo. 
Durante más de diez minutos lo intenté sin ningún resultado, mientras la obstinada mamá defendía la propiedad del vehículo. 
Afortunadamente su hija, preocupada por el color púrpura que iba adquiriendo el rostro de su madre, decidió tomar cartas en el asunto y desvelar que su coche había estado media tarde enterrado en el arenero, y que en ningún momento había corrido peligro.

Esa tarde volví a casa satisfecha por no ser la peor madre del parque, y sobre todo feliz porque al día siguiente yo no tendría que bajar al parque. Ah no, al día siguiente le tocaría vivir su gran aventura semanal al padre de la criatura, porque otra cosa no pero en nuestra casa vivimos en democracia, y los malos tragos nos los repartimos al 50%.

domingo, 31 de marzo de 2013

LA GRAN GALLETA

Una de mis grandes virtudes es mi fe ciega en mis amigas. Lo que ellas me dicen va a misa y me lo creo a pies juntillas.
Si una amiga me dice que tiene un plan divertido y sencillo para entretener a las fieras estas tardes lluviosas, yo me lo creo. 
¿Por qué me va a engañar mi amiga? Una receta sencilla para preparar galletas con niños ¿a que suena estupendo?
Sí, a mí también me sonó muy bien.
Aquí entra en acción otra de “esas cualidades” que debe tener una buena madre y que no tenemos las peores madres. Se trata de la capacidad para cocinar, y más concretamente la sobrevalorada capacidad para la repostería.
Después de acompañar a mi amiga a comprar los moldes con forma de estrella para nuestras galletas, y  los condimentos necesarios para decorarlas, repasé con atención la lista de ingredientes. Qué satisfacción comprobar que tenía todos los ingredientes en casa, esto empezaba bien.
Cuando llegué a casa le expliqué el plan a mi hijo, que estaba entusiasmado y era todo colaboración. Rápidamente nos pusimos manos a la obra y lo mezclamos todo siguiendo la receta.
La primera dificultad surgió cuando descubrimos con horror que nuestras galletas no conseguían tener forma de estrella. El molde que había comprado no ponía límites a nuestra creación, que perdía sus formas hasta convertirse en estrellas desdibujadas.
Pero lo peor estaba por llegar. Introdujimos la bandeja en el horno, para comprobar con estupor cinco minutos después que algún tipo de fusión nuclear había tenido lugar.  

Nuestras nueve galletas habían mutado en una gigaaaante, del tamaño de la bandeja, y para nada parecida a una estrella.

¿Qué era aquel horror?

Yo os lo diré. Aquello era la constatación de que la cocina y yo somos incompatibles.


Intentamos mejorarlo con los potingues que habíamos comprado con fines decorativos. 

Nuestra consigna para esa tarde era divertirnos, y lo conseguimos.

Ah, lo más sorprendente de todo, la gran galleta era comestible, y no estaba nada mal.





No obstantes, si queréis comer cosas ricas de verdad, en sitios con encanto, lo mejor es que os paséis por gastronomiayunapizca.blogspot.com.es y sigáis las sugerencias de mi amiga Magdalena. 
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