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miércoles, 2 de abril de 2014
miércoles, 19 de febrero de 2014
sábado, 14 de diciembre de 2013
Mi mejor DIY
Ya sabéis que soy un poco desastre en cuanto a manualidades, cocina, planificación, recordar cosas importantes y alguna otra cosilla.
Pero hoy vengo a presumir, porque aunque os cueste creerlo un día hice algo fantástico con mis manos. Os voy a mostrar mi mejor DIY, o mejor dicho, el único DIY del que puedo presumir.
Para ser justos reconoceré que no soy la única autora. Fue un trabajo en colaboración con el padre de la fiera.
Cuando el canijo cumplió un año decidió que ya no quería más cuna. Nos lo venía haciendo notar desde hacía tiempo, ya que dormía más veces con nosotros que solo.
Pero su inquietud constante, pateo, voltereta, tirón de pelos y adosamiento a mis riñones hacía cada vez más difícil nuestro descanso.
Seguro que tod@s conocéis esta viñeta, que describe perfectamente lo que supone dormir con un niño.
L@s que os estáis planteando ser madres/padres tened en cuenta que esto es lo que os espera.
En fin, que decidimos que era hora de ponerle una cama bien grande para él solo y para que diera todas las vueltas que quisiera.
Otra finalidad de la cama grande era poder acostarme con él cuando le entrase el mono de hacerme ricitos en el pelo. Algo que a él le relaja un montón y a mi me crispa los nervios.
Los siento Sr. Estivill pero usted y su método me caen gordos.
Pues aquello nos funcionó, dormía un poco más (nunca ha sido un niño dormilón) y nosotros empezábamos a descansar después de un año.
Le pusimos una habitación rechula llena de cuentos, muñecos, estrellitas que brillaban por la noche y otras mil historias. Y el pequeño insomne tan feliz.
Cuando llegó el verano nos trasladamos a la sierra a pasar el mes de agosto con los abuelos, y nos encontramos con que su nueva habitación estaba pelada. Paredes blancas y techos altísimos.
Entonces se nos ocurrió aprovechar todo ese espacio para crearle un fondo marino.
Compramos "goma eva" en pliegos grandes de todos los colores.
Sacamos dibujos de internet de cosas que nos gustaban relacionadas con el mar, peces, un barco pirata, un ancla, y luego dejamos volar nuestra imaginación.
Primero hacíamos el fondo de la figura en negro u otro color oscuro. Luego recortábamos piezas de colores y las íbamos pegando encima con pegamento de barra.
Como veis es una manualidad fácil de hacer con niñ@s a partir de 3/4 años.
Las figuras tienen un tamaño importante. Para que os hagáis una idea, cada pez tiene el tamaño de un folio A.4. La isla en inmensa.

Aquí os dejo con el resultado final. A mi me encanta.
Cuando la fiera se tumba en su cama puede disfrutar de su propio fondo marino, y aprovechamos para inventarnos cuentos cuyo protagonista es el Pirata Malapata, que como todo pirata que se precie fue mutilado a conciencia y tiene un pata de palo y un garfio. Navega en su velero con el mapa del tesoro, rumbo a la isla del cangrejo y huyendo del tiburón risitas.
Pero hoy vengo a presumir, porque aunque os cueste creerlo un día hice algo fantástico con mis manos. Os voy a mostrar mi mejor DIY, o mejor dicho, el único DIY del que puedo presumir.
Para ser justos reconoceré que no soy la única autora. Fue un trabajo en colaboración con el padre de la fiera.
Cuando el canijo cumplió un año decidió que ya no quería más cuna. Nos lo venía haciendo notar desde hacía tiempo, ya que dormía más veces con nosotros que solo.
Pero su inquietud constante, pateo, voltereta, tirón de pelos y adosamiento a mis riñones hacía cada vez más difícil nuestro descanso.
Seguro que tod@s conocéis esta viñeta, que describe perfectamente lo que supone dormir con un niño.
L@s que os estáis planteando ser madres/padres tened en cuenta que esto es lo que os espera.
En fin, que decidimos que era hora de ponerle una cama bien grande para él solo y para que diera todas las vueltas que quisiera.
Otra finalidad de la cama grande era poder acostarme con él cuando le entrase el mono de hacerme ricitos en el pelo. Algo que a él le relaja un montón y a mi me crispa los nervios.
Los siento Sr. Estivill pero usted y su método me caen gordos.
Pues aquello nos funcionó, dormía un poco más (nunca ha sido un niño dormilón) y nosotros empezábamos a descansar después de un año.
Le pusimos una habitación rechula llena de cuentos, muñecos, estrellitas que brillaban por la noche y otras mil historias. Y el pequeño insomne tan feliz.
Cuando llegó el verano nos trasladamos a la sierra a pasar el mes de agosto con los abuelos, y nos encontramos con que su nueva habitación estaba pelada. Paredes blancas y techos altísimos.
Entonces se nos ocurrió aprovechar todo ese espacio para crearle un fondo marino.
Compramos "goma eva" en pliegos grandes de todos los colores.
Sacamos dibujos de internet de cosas que nos gustaban relacionadas con el mar, peces, un barco pirata, un ancla, y luego dejamos volar nuestra imaginación.
Primero hacíamos el fondo de la figura en negro u otro color oscuro. Luego recortábamos piezas de colores y las íbamos pegando encima con pegamento de barra.
Como veis es una manualidad fácil de hacer con niñ@s a partir de 3/4 años.
Las figuras tienen un tamaño importante. Para que os hagáis una idea, cada pez tiene el tamaño de un folio A.4. La isla en inmensa.
Aquí os dejo con el resultado final. A mi me encanta.
Cuando la fiera se tumba en su cama puede disfrutar de su propio fondo marino, y aprovechamos para inventarnos cuentos cuyo protagonista es el Pirata Malapata, que como todo pirata que se precie fue mutilado a conciencia y tiene un pata de palo y un garfio. Navega en su velero con el mapa del tesoro, rumbo a la isla del cangrejo y huyendo del tiburón risitas.
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miércoles, 30 de octubre de 2013
jueves, 24 de octubre de 2013
Arte abstracto en el pasillo de casa
Siempre quise pintar. Eso de hacer tus propios cuadros tiene un irresistible encanto para mi.
Nunca he tenido grandes aspiraciones, ni suficiente calidad artística como para parecerme a Velázquez, pero desde mi ignorancia tenía la impresión de que el arte abstracto estaría más a mi alcance. Desde que vi expuesto en el Museo Reina Sofía de arte contemporáneo de Madrid un lienzo completamente negro con un punto blanco titulado "la noche", no he dejado de darle vueltas a la idea de probar suerte con la pintura.
A raíz de una pequeña reforma en casa, en la que aprovechamos para pintar el pasillo, renació esta inquietud.
Las tres láminas que tenía colgadas desde siempre de repente no me pegaban con el color gris de la pared. Tras valorar diferentes opciones de calidad, incluido un encargo a una amiga que pinta muy bien, decidimos optar por la versión más económica. Compramos 3 lienzos blancos, 6 botes de óleos de diferentes colores y dos pinceles.
Me senté frente al lienzo, con el pincel en la mano y sin idea de por donde empezar. De repente todas aquellas ideas que tan definidas estaban en mi cabeza se esfumaron. Aquello que aparentemente era tan sencillo (un trazo ancho en negro y dos puntos de color) no resultaba atractivo. Se veía chapucero y cutre.
Entonces el padre de la fiera me dio una idea -¿por qué no dejas que lo intente el niño? Así siempre podrás justificar que lo hizo un niño de 3 años (que era su edad por entonces).
Por supuesto el canijo se mostró más que dispuesto.
Plantamos un mantel en el suelo, el primer lienzo blanco y las pinturas. Allá que se lanzó él, trazo por aquí, trazo por allá. Ahora mezclo estos colores. Ahora lo emborrono todo un poco más.
Cada vez que quedaba algo medianamente chulo y le tratábamos de convencer de que lo dejase, él volvía a pasar el pincel por encima con otro color.
Fue una tarde de lo más entretenida, viendo disfrutar al canijo, al que habitualmente no le gusta nada dibujar, ni colorear.
Lo mejor para él, ver colgadas sus obras en el pasillo de casa, y que cada vez que viene alguien de visita le digamos bien orgullosos quien ha sido el artista.
El resultado final vosotr@s lo podéis juzgar.
Nunca he tenido grandes aspiraciones, ni suficiente calidad artística como para parecerme a Velázquez, pero desde mi ignorancia tenía la impresión de que el arte abstracto estaría más a mi alcance. Desde que vi expuesto en el Museo Reina Sofía de arte contemporáneo de Madrid un lienzo completamente negro con un punto blanco titulado "la noche", no he dejado de darle vueltas a la idea de probar suerte con la pintura.
A raíz de una pequeña reforma en casa, en la que aprovechamos para pintar el pasillo, renació esta inquietud.
Las tres láminas que tenía colgadas desde siempre de repente no me pegaban con el color gris de la pared. Tras valorar diferentes opciones de calidad, incluido un encargo a una amiga que pinta muy bien, decidimos optar por la versión más económica. Compramos 3 lienzos blancos, 6 botes de óleos de diferentes colores y dos pinceles.
Me senté frente al lienzo, con el pincel en la mano y sin idea de por donde empezar. De repente todas aquellas ideas que tan definidas estaban en mi cabeza se esfumaron. Aquello que aparentemente era tan sencillo (un trazo ancho en negro y dos puntos de color) no resultaba atractivo. Se veía chapucero y cutre.
Entonces el padre de la fiera me dio una idea -¿por qué no dejas que lo intente el niño? Así siempre podrás justificar que lo hizo un niño de 3 años (que era su edad por entonces).
Por supuesto el canijo se mostró más que dispuesto.
Plantamos un mantel en el suelo, el primer lienzo blanco y las pinturas. Allá que se lanzó él, trazo por aquí, trazo por allá. Ahora mezclo estos colores. Ahora lo emborrono todo un poco más.
Cada vez que quedaba algo medianamente chulo y le tratábamos de convencer de que lo dejase, él volvía a pasar el pincel por encima con otro color.
Fue una tarde de lo más entretenida, viendo disfrutar al canijo, al que habitualmente no le gusta nada dibujar, ni colorear.
Lo mejor para él, ver colgadas sus obras en el pasillo de casa, y que cada vez que viene alguien de visita le digamos bien orgullosos quien ha sido el artista.
El resultado final vosotr@s lo podéis juzgar.
miércoles, 23 de octubre de 2013
lunes, 24 de junio de 2013
Pura supervivencia
Los que me conocéis ya sabéis que soy una mujer osadamente aventurera, y hoy he tenido que echar mano de mis capacidades y mis conocimientos sobre supervivencia. Lo que no esperaba es que tuviese que ser en la oficina.
Desde que soy carne de gimnasio me tengo que traer la comida a la oficina. De lo contrario nuestro entrenador personal nos regaña por no haber comido, y más de una (no diré nombres) ha sufrido un jamacuco en medio delcastigo entrenamiento por no alimentarse debidamente.
Una vez más mi escasa memoria me jugó una mala pasada. He de confesar que me pongo una alarma para acordarme de coger la comida antes de salir de casa, pero no se me ocurrió ponerme otra que me recordase coger los cubiertos.
Pues aquí me tenéis, la hora de la comida y yo sin cuchillo ni tenedor.
Pero como no conozco el desánimo empecé a buscar alternativas. No podía ser para tanto. Si el tío ese de la tele hacía milagros con un clip y un hilo imaginaos yo rodeada de material de oficina.
Un primer vistazo me sirvió para descartar. Con la grapadora, el celo, el quita grapas y la calculadora no había mucho que hacer. Pero los catálogos de publicidad me podían servir de cuchillos. No sería la primera vez que me corto manejándolos.
Ahora me faltaba el tenedor. Usar los dedos era implanteable porque había traído ensalada de judías verdes con pavo y queso 0% (a tope con la operación biquini 2015).
La lima de uñas para casos de emergencia me daba un poquito de asco.
Los rotuladores de colores en plan palillos chinos tampoco. Me los quitan constantemente y cuando me los devuelven los capuchones están mordidos.
Un par de lápices... para que engañaros, comer con palillos no es lo mío.
Entonces tuve una idea. Podía perpetrar un asalto al office de la planta (cerrado con llave y 7 candados), solo accesible a jefes y muy bien surtido.
Como no no soy jefa decidí usar la socorrida tarjeta de crédito y forzar la puerta, pero nada, aquello no se abría.
Viendo que se aproximaba la hora de comer y no había realizado ningún progreso decidí liarme la manta a la cabeza y arriesgarme un poco más.
Fui a buscar al amo del calabozo y le supliqué que me abriese la puerta para tomar prestado un tenedor y un cuchillo. Y gracias a su misericordia pude comer.
Moraleja: No hagáis dieta en horario de oficina, y si la hacéis no os olvidéis los cubiertos.
Desde que soy carne de gimnasio me tengo que traer la comida a la oficina. De lo contrario nuestro entrenador personal nos regaña por no haber comido, y más de una (no diré nombres) ha sufrido un jamacuco en medio del
Una vez más mi escasa memoria me jugó una mala pasada. He de confesar que me pongo una alarma para acordarme de coger la comida antes de salir de casa, pero no se me ocurrió ponerme otra que me recordase coger los cubiertos.
Pues aquí me tenéis, la hora de la comida y yo sin cuchillo ni tenedor.
Pero como no conozco el desánimo empecé a buscar alternativas. No podía ser para tanto. Si el tío ese de la tele hacía milagros con un clip y un hilo imaginaos yo rodeada de material de oficina.
Un primer vistazo me sirvió para descartar. Con la grapadora, el celo, el quita grapas y la calculadora no había mucho que hacer. Pero los catálogos de publicidad me podían servir de cuchillos. No sería la primera vez que me corto manejándolos.
Ahora me faltaba el tenedor. Usar los dedos era implanteable porque había traído ensalada de judías verdes con pavo y queso 0% (a tope con la operación biquini 2015).
La lima de uñas para casos de emergencia me daba un poquito de asco.
Los rotuladores de colores en plan palillos chinos tampoco. Me los quitan constantemente y cuando me los devuelven los capuchones están mordidos.
Un par de lápices... para que engañaros, comer con palillos no es lo mío.
Entonces tuve una idea. Podía perpetrar un asalto al office de la planta (cerrado con llave y 7 candados), solo accesible a jefes y muy bien surtido.
Como no no soy jefa decidí usar la socorrida tarjeta de crédito y forzar la puerta, pero nada, aquello no se abría.
Viendo que se aproximaba la hora de comer y no había realizado ningún progreso decidí liarme la manta a la cabeza y arriesgarme un poco más.
Fui a buscar al amo del calabozo y le supliqué que me abriese la puerta para tomar prestado un tenedor y un cuchillo. Y gracias a su misericordia pude comer.
Moraleja: No hagáis dieta en horario de oficina, y si la hacéis no os olvidéis los cubiertos.
domingo, 7 de abril de 2013
ASÍ COSÍA, ASÍ, ASÍ...
Una buena madre sabe coser, zurcir, arreglar los bajos de un pantalón y crear un disfraz de princesa con un paño de cocina remendado y una toalla vieja.
Yo... yo no soy una buena madre.
El otro día llegó mi hijo del cole con la cinta de colgar el babi rota. Ni corta ni perezosa decidí tomar la iniciativa de remendarla, ante la mirada preocupada de mi vástago.
Desde el pasillo observaba atento mi ir y venir a por los utensilios necesarios.
Ya sabéis, toda buena madre tiene una caja de hilos bien equipada para estos casos. Las madres no tan buenas tenemos una lata preparada con esmero por la abuela.
Pues ya estaba yo lista, sentada en el sofá, con el babi en una mano y la caja encima de las piernas. Me llevó un rato decidir que color era el más apropiado. A mi me encantan los colores alegres; rojos, naranjas, verdes... pero el babi es blanco y azul, así es que opté por ser conservadora y seguir el patrón establecido. Vamos, que cogí el hilo blanco.
No sin dificultad enhebré la aguja, y cuando ya estaba dispuesta a empezar me acordé de mi madre, que siempre me dice "es de mala costurera coser sin dedal", mi abuela directamente decía que era de guarras. Sea cual sea el adjetivo adecuado, yo soy una mujer osada y, como no encontré el dedal me puse a la tarea sin protección alguna.
En ese momento mi hijo ya no pudo resistirse mas y preocupado se plantó delante de mi y me preguntó que qué estaba haciendo. Hasta ese momento le tenía por un niño bastante listo y observador, por lo que no entendía su pregunta. - Hijo, que voy a hacer, coser ¿no me ves? -
Lo que no me esperaba era su respuesta, - Mamá, aquí quien cose es la Abuela -.
Vale que no soy hábil costurera, pero que hasta mi hijo de 3 años lo considere una actividad de riesgo para mi es muy duro.
Como casi todo el mundo, me he cosido un par de veces los calcetines al pantalón mientras los zurcía, distraída con la elegancia de mis imperfectas puntadas, y uno de sus muñecos tiene cosido un ojo a la altura del ombligo, pero no me parce suficiente para negarme el acceso a la caja de hilos que mi madre con tanto cariño me regaló cuando me fui de casa.
Pero hay consuelo malas madres del mundo, siempre nos quedará una abuela hábil, o madres como Dios manda, y si no ver lo que hacen las amigas de 40ytantas.blogspot.com ¿es realmente posible????????????
domingo, 31 de marzo de 2013
LA GRAN GALLETA
Una de mis grandes virtudes es mi
fe ciega en mis amigas. Lo que ellas me dicen va a misa y me lo creo a pies
juntillas.
Nuestras nueve galletas habían
mutado en una gigaaaante, del tamaño de la bandeja, y para nada parecida a una
estrella.
Si una amiga me dice que tiene un
plan divertido y sencillo para entretener a las fieras estas tardes lluviosas, yo me lo creo.
¿Por qué me va a engañar mi amiga? Una receta sencilla para
preparar galletas con niños ¿a que suena estupendo?
Sí, a mí también me sonó muy bien.
Aquí entra en acción otra de
“esas cualidades” que debe tener una buena madre y que no tenemos las peores
madres. Se trata de la capacidad para cocinar, y más concretamente la
sobrevalorada capacidad para la repostería.
Después de acompañar a mi amiga a
comprar los moldes con forma de estrella para nuestras galletas, y los condimentos necesarios para decorarlas,
repasé con atención la lista de ingredientes. Qué satisfacción comprobar que
tenía todos los ingredientes en casa, esto empezaba bien.
Cuando llegué a casa le expliqué
el plan a mi hijo, que estaba entusiasmado y era todo colaboración. Rápidamente
nos pusimos manos a la obra y lo mezclamos todo siguiendo la receta.
La primera dificultad surgió
cuando descubrimos con horror que nuestras galletas no conseguían tener forma
de estrella. El molde que había comprado no ponía límites a nuestra creación,
que perdía sus formas hasta convertirse en estrellas desdibujadas.
Pero lo peor
estaba por llegar. Introdujimos la bandeja en el horno, para comprobar con
estupor cinco minutos después que algún tipo de fusión nuclear había tenido
lugar.
¿Qué era aquel horror?
Yo os lo diré. Aquello
era la constatación de que la cocina y yo somos incompatibles.
Nuestra consigna para esa tarde era divertirnos, y lo conseguimos.
Ah, lo más sorprendente de todo,
la gran galleta era comestible, y no estaba nada mal.
No obstantes, si queréis comer
cosas ricas de verdad, en sitios con encanto, lo mejor es que os paséis por gastronomiayunapizca.blogspot.com.es y sigáis las sugerencias
de mi amiga Magdalena.
Etiquetas:
amigas,
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reposteria
sábado, 16 de marzo de 2013
Tarde de manualidades.
Si algo tiene este mal clima que nos acompaña últimamente es que deja mucho tiempo para la desesperación. Desesperación de no poder llevar al peque al parque y tener que buscar todo tipo de entretenimientos dentro de casa que eviten que se hiera, o peor aún, que rompa algo valioso como la tele nueva o el jarrón de la dinastía Ming.
En eso andábamos la otra tarde cuando mi hijo encontró en un cajón un paquete de cartulinas estampadas de vivos colores para hacer origamis, o lo que vienen siendo animalitos de papel.
He tratado de recordar quien me hizo tan original regalo sin conseguirlo. Tal vez una amiga muy creativa, o más probablemente una enemiga resentida.
El caso es que allí estuvimos liados media tarde el padre de la criatura, él mismo y yo.
A fuerza de meternos unos con otros y criticar nuestros "elaborados animales resultantes" nos echamos unas risas y evitamos la destrucción de objetos de valor.
El resultado, aquí os lo dejo.
Me encantaría vuestra sincera opinión sobre qué bichos creéis que son y quien hizo qué. Por supuesto también cual os gusta más. Esos votos concluirán nuestra pequeña rencilla familiar por obtener el premio al mejor "origamicero" de la familia.
También aceptamos sugerencias de planes divertidos para estos días de frío.
También aceptamos sugerencias de planes divertidos para estos días de frío.
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