Lo grande de las madres blogueras es que poco a poco, además de dar buenos consejos o compartir información útil, también se van animando a hacer terapia y confesar sus fallos, olvidos, meteduras de pata, despistes y otras anécdotas inconfesables por bochornosas, y ya sabéis que esa es nuestra especialidad, sacarlas a relucir y nominar a aquellas mamás/papás no perfect@s pero con mucho sentido del humor.
Es el caso de nuestra 18ª candidata, El rincón de Mixka, que arrastrada por la inercia y el sueño tuvo a bien hacer madrugar a su peque un día festivo para llevarle al cole. Pero mejor os lo cuenta ella.
Bienvenida Verónica, ya eres candidata a Peor Madre del Año.
Mostrando entradas con la etiqueta olvido. Mostrar todas las entradas
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lunes, 10 de marzo de 2014
domingo, 20 de octubre de 2013
Parques de atracciones - NO, gracias
La semana pasada se me ocurrió un plan genial para el sábado. Irnos con unos amigos y sus hijas al Parque Warner en Madrid.
Ya os aviso que si después de leer esta entrada os quedan ganas de ir debéis preparar muuuucho dinerito.
Como vivo ajena al mundanal ruido no me había enterado de que el sábado 12 de octubre era fiesta nacional, y claro, media España tuvo la genial idea de copiar mi plan para ese día. Después de superar la caravana de coches que conducía al parking, pagar los 9 euros exigidos por acceder y dar veinte vueltas para encontrar una plaza libre, accedimos al recinto.
Dos entradas de adulto y una de niño = 87€.
Esta inversión te da acceso a todas las colas del parque. Una media de 90 minutos por atracción, lo cual es divertido y llevadero con niños de 4 a 7 años que se sientan y esperan pacientemente. Ay, perdón, que esos niños no existen. Pues eso, un infierno.
Niños que se pegan con los de delante, que pellizcan a los de detrás, que tienen sueño, que tienen sed, que quieren brazos, que tienen ganas de orinar justo cuando vas a acceder a la atracción (y te toca deshacer el camino a mil por hora ante la mirada estupefacta del resto de la gente), ¡que se ponen insufribles!.
Según llegamos y vimos el panorama empezamos a buscar atracciones poco saturadas y, ¡oh! ¡sorpresa!, no las encontramos.
Los papás/mamás más listos, dando ejemplo a sus vástagos de como actuar, se dedicaban a colarse en cuanto veían la ocasión, con la consecuente riña entre adultos, mientras el resto se limitaba a esperar su turno con resignación.
El acceso a las atracciones está diseñado por mentes retorcidas. Tú te asomas y ves treinta personas delante de una puerta y piensas - qué suerte, aquí hay poca gente esperando, vamos para dentro.
Cuando cruzas el umbral de la puerta te encuentras en una sala con un caminito que va y viene cuatro veces y limitado por un pasamanos de hierro, y al fondo otra sala. Entonces piensas - bueno, esta sala y luego llegamos.
Tres salas iguales después tus nervios están crispados, como los de los otros 500 adultos que tratan de llegar a no saben dónde, para montar en no saben qué, con sus desquiciados hij@s.
90 minutos después accedes a un cochecito que tarda exactamente 3 minutos en completar un circuito en el que solo encuentras fotos pintadas en colores brillantes de Scooby Doo y sus amigos.
Lo mejor del caso es la ingenuidad y el corazón agradecido de los niños, que salen encantados y convencidos de que aquella agónica espera mereció la pena.
Cuando llegó la hora de comer buscamos uno de los múltiples restaurantes de comida ultra rápida. Porque para quienes no lo sepáis "queda terminantemente prohibido introducir alimentos en el parque". Una medida solidaria con la economía familiar actual y con el apetito voraz y constante de los pequeños.
Resumiendo, 10 € menú infantil de macarrones, patatas y 3 croquetas, y 15 € el de adultos (ensalada y pollo asado).
De vuelta a la actividad tras la "opípara" comida nos entusiasmamos al encontrar una atracción sin colas. Cero personas esperando para montarse.
Lejos de preguntarnos a que se debería esa rara situación decidimos enviar a los tres niñ@s con el padre de la fiera, único voluntario para tamaña aventura. Sin apenas presión aceptó mi sutil sugerencia: - anda ve tú, hombre no seas así, piensa en los niños. No seas rancio. Ve, que ya verás que divertido, que los pobres no se han podido montar en nada. Aprovecha que no hay gente.
¿Es necesario que os diga que se trataba de una atracción acuática o ya lo habíais sospechado?
Cinco minutos después la barca del Oso Yogui nos devolvió cuatro seres acuáticos, que no tenían seco ni un poro de su cuerpo. Chorreando agua de cabeza a pies, como quien se cae vestido en una piscina, salieron los cuatro desdichados, que no sabían si reír o llorar.
Yo reí, reí mucho. Con esa risa nerviosa de "madre mía qué hago ahora con estos dos empapados. Mañana pulmonía asegurada".
Mensaje a futuras generaciones: "sed creativos y tened ideas innovadoras" (si no sirven para nada no os desanimeis). Esto os lo digo porque un ingeniero iluminado tuvo el acierto de colocar a la salida de la atracción una cápsula que es un secador gigante. Al módico precio de 2€ - 5 minutos te promete salir igual de seco que entraste.
Como tenemos fe en la humanidad metimos al papá de la fiera y a los tres niñ@s. 15 minutos después y 6 euros más pobres abandonamos la cápsula de no secado ultra rápido tan mojados como la habíamos encontrado, y ante la mirada desesperada de otra familia de incautos que había sucumbido a la única atracción sin esperas.
Mi amiga, mujer sensata y madre abnegada, llevaba una muda de cambio para sus hijas.
Yo NO.
Mi amiga puso braguitas, pantalón y camiseta secas a sus hijas. Yo desnudé al mío y usé mi chaqueta de punto para improvisar unos pantalones, y a modo de calcetines unas bolsas de plástico, porque las zapatillas deportivas estaban encharcadas.
Lo bueno del caso, mi hijo está acostumbrado al desastre de su madre que nunca le lleva muda cuando sale de casa. Consecuencia, no le importa exhibirse medio desnudo entre miles de personas.
Moraleja: cuando vayáis a un parque de atracciones llevad siempre ropa de cambio y mucho dinero. Ah, si es posible id un día no festivo y entre semana.
Ya os aviso que si después de leer esta entrada os quedan ganas de ir debéis preparar muuuucho dinerito.
Como vivo ajena al mundanal ruido no me había enterado de que el sábado 12 de octubre era fiesta nacional, y claro, media España tuvo la genial idea de copiar mi plan para ese día. Después de superar la caravana de coches que conducía al parking, pagar los 9 euros exigidos por acceder y dar veinte vueltas para encontrar una plaza libre, accedimos al recinto.
Dos entradas de adulto y una de niño = 87€.
Esta inversión te da acceso a todas las colas del parque. Una media de 90 minutos por atracción, lo cual es divertido y llevadero con niños de 4 a 7 años que se sientan y esperan pacientemente. Ay, perdón, que esos niños no existen. Pues eso, un infierno.
Niños que se pegan con los de delante, que pellizcan a los de detrás, que tienen sueño, que tienen sed, que quieren brazos, que tienen ganas de orinar justo cuando vas a acceder a la atracción (y te toca deshacer el camino a mil por hora ante la mirada estupefacta del resto de la gente), ¡que se ponen insufribles!.
Según llegamos y vimos el panorama empezamos a buscar atracciones poco saturadas y, ¡oh! ¡sorpresa!, no las encontramos.
Los papás/mamás más listos, dando ejemplo a sus vástagos de como actuar, se dedicaban a colarse en cuanto veían la ocasión, con la consecuente riña entre adultos, mientras el resto se limitaba a esperar su turno con resignación.
El acceso a las atracciones está diseñado por mentes retorcidas. Tú te asomas y ves treinta personas delante de una puerta y piensas - qué suerte, aquí hay poca gente esperando, vamos para dentro.
Cuando cruzas el umbral de la puerta te encuentras en una sala con un caminito que va y viene cuatro veces y limitado por un pasamanos de hierro, y al fondo otra sala. Entonces piensas - bueno, esta sala y luego llegamos.
Tres salas iguales después tus nervios están crispados, como los de los otros 500 adultos que tratan de llegar a no saben dónde, para montar en no saben qué, con sus desquiciados hij@s.90 minutos después accedes a un cochecito que tarda exactamente 3 minutos en completar un circuito en el que solo encuentras fotos pintadas en colores brillantes de Scooby Doo y sus amigos.
Lo mejor del caso es la ingenuidad y el corazón agradecido de los niños, que salen encantados y convencidos de que aquella agónica espera mereció la pena.
Cuando llegó la hora de comer buscamos uno de los múltiples restaurantes de comida ultra rápida. Porque para quienes no lo sepáis "queda terminantemente prohibido introducir alimentos en el parque". Una medida solidaria con la economía familiar actual y con el apetito voraz y constante de los pequeños.
Resumiendo, 10 € menú infantil de macarrones, patatas y 3 croquetas, y 15 € el de adultos (ensalada y pollo asado).
De vuelta a la actividad tras la "opípara" comida nos entusiasmamos al encontrar una atracción sin colas. Cero personas esperando para montarse.
Lejos de preguntarnos a que se debería esa rara situación decidimos enviar a los tres niñ@s con el padre de la fiera, único voluntario para tamaña aventura. Sin apenas presión aceptó mi sutil sugerencia: - anda ve tú, hombre no seas así, piensa en los niños. No seas rancio. Ve, que ya verás que divertido, que los pobres no se han podido montar en nada. Aprovecha que no hay gente.
¿Es necesario que os diga que se trataba de una atracción acuática o ya lo habíais sospechado?
Cinco minutos después la barca del Oso Yogui nos devolvió cuatro seres acuáticos, que no tenían seco ni un poro de su cuerpo. Chorreando agua de cabeza a pies, como quien se cae vestido en una piscina, salieron los cuatro desdichados, que no sabían si reír o llorar.
Yo reí, reí mucho. Con esa risa nerviosa de "madre mía qué hago ahora con estos dos empapados. Mañana pulmonía asegurada".
Como tenemos fe en la humanidad metimos al papá de la fiera y a los tres niñ@s. 15 minutos después y 6 euros más pobres abandonamos la cápsula de no secado ultra rápido tan mojados como la habíamos encontrado, y ante la mirada desesperada de otra familia de incautos que había sucumbido a la única atracción sin esperas.
Mi amiga, mujer sensata y madre abnegada, llevaba una muda de cambio para sus hijas.
Yo NO.
Mi amiga puso braguitas, pantalón y camiseta secas a sus hijas. Yo desnudé al mío y usé mi chaqueta de punto para improvisar unos pantalones, y a modo de calcetines unas bolsas de plástico, porque las zapatillas deportivas estaban encharcadas.
Lo bueno del caso, mi hijo está acostumbrado al desastre de su madre que nunca le lleva muda cuando sale de casa. Consecuencia, no le importa exhibirse medio desnudo entre miles de personas.
Moraleja: cuando vayáis a un parque de atracciones llevad siempre ropa de cambio y mucho dinero. Ah, si es posible id un día no festivo y entre semana.
lunes, 24 de junio de 2013
Pura supervivencia
Los que me conocéis ya sabéis que soy una mujer osadamente aventurera, y hoy he tenido que echar mano de mis capacidades y mis conocimientos sobre supervivencia. Lo que no esperaba es que tuviese que ser en la oficina.
Desde que soy carne de gimnasio me tengo que traer la comida a la oficina. De lo contrario nuestro entrenador personal nos regaña por no haber comido, y más de una (no diré nombres) ha sufrido un jamacuco en medio delcastigo entrenamiento por no alimentarse debidamente.
Una vez más mi escasa memoria me jugó una mala pasada. He de confesar que me pongo una alarma para acordarme de coger la comida antes de salir de casa, pero no se me ocurrió ponerme otra que me recordase coger los cubiertos.
Pues aquí me tenéis, la hora de la comida y yo sin cuchillo ni tenedor.
Pero como no conozco el desánimo empecé a buscar alternativas. No podía ser para tanto. Si el tío ese de la tele hacía milagros con un clip y un hilo imaginaos yo rodeada de material de oficina.
Un primer vistazo me sirvió para descartar. Con la grapadora, el celo, el quita grapas y la calculadora no había mucho que hacer. Pero los catálogos de publicidad me podían servir de cuchillos. No sería la primera vez que me corto manejándolos.
Ahora me faltaba el tenedor. Usar los dedos era implanteable porque había traído ensalada de judías verdes con pavo y queso 0% (a tope con la operación biquini 2015).
La lima de uñas para casos de emergencia me daba un poquito de asco.
Los rotuladores de colores en plan palillos chinos tampoco. Me los quitan constantemente y cuando me los devuelven los capuchones están mordidos.
Un par de lápices... para que engañaros, comer con palillos no es lo mío.
Entonces tuve una idea. Podía perpetrar un asalto al office de la planta (cerrado con llave y 7 candados), solo accesible a jefes y muy bien surtido.
Como no no soy jefa decidí usar la socorrida tarjeta de crédito y forzar la puerta, pero nada, aquello no se abría.
Viendo que se aproximaba la hora de comer y no había realizado ningún progreso decidí liarme la manta a la cabeza y arriesgarme un poco más.
Fui a buscar al amo del calabozo y le supliqué que me abriese la puerta para tomar prestado un tenedor y un cuchillo. Y gracias a su misericordia pude comer.
Moraleja: No hagáis dieta en horario de oficina, y si la hacéis no os olvidéis los cubiertos.
Desde que soy carne de gimnasio me tengo que traer la comida a la oficina. De lo contrario nuestro entrenador personal nos regaña por no haber comido, y más de una (no diré nombres) ha sufrido un jamacuco en medio del
Una vez más mi escasa memoria me jugó una mala pasada. He de confesar que me pongo una alarma para acordarme de coger la comida antes de salir de casa, pero no se me ocurrió ponerme otra que me recordase coger los cubiertos.
Pues aquí me tenéis, la hora de la comida y yo sin cuchillo ni tenedor.
Pero como no conozco el desánimo empecé a buscar alternativas. No podía ser para tanto. Si el tío ese de la tele hacía milagros con un clip y un hilo imaginaos yo rodeada de material de oficina.
Un primer vistazo me sirvió para descartar. Con la grapadora, el celo, el quita grapas y la calculadora no había mucho que hacer. Pero los catálogos de publicidad me podían servir de cuchillos. No sería la primera vez que me corto manejándolos.
Ahora me faltaba el tenedor. Usar los dedos era implanteable porque había traído ensalada de judías verdes con pavo y queso 0% (a tope con la operación biquini 2015).
La lima de uñas para casos de emergencia me daba un poquito de asco.
Los rotuladores de colores en plan palillos chinos tampoco. Me los quitan constantemente y cuando me los devuelven los capuchones están mordidos.
Un par de lápices... para que engañaros, comer con palillos no es lo mío.
Entonces tuve una idea. Podía perpetrar un asalto al office de la planta (cerrado con llave y 7 candados), solo accesible a jefes y muy bien surtido.
Como no no soy jefa decidí usar la socorrida tarjeta de crédito y forzar la puerta, pero nada, aquello no se abría.
Viendo que se aproximaba la hora de comer y no había realizado ningún progreso decidí liarme la manta a la cabeza y arriesgarme un poco más.
Fui a buscar al amo del calabozo y le supliqué que me abriese la puerta para tomar prestado un tenedor y un cuchillo. Y gracias a su misericordia pude comer.
Moraleja: No hagáis dieta en horario de oficina, y si la hacéis no os olvidéis los cubiertos.
domingo, 28 de abril de 2013
Vamos al parque.
Uno de los principales defectos de una mala madre es que no le guste ir al parque, y una de las razones fundamentales es que en ese maravilloso lugar no se pueden esconder los fallos a la vista de las madres de manual.
Cuando una mala madre baja al parque lo primero que le ocurre es que se siente desubicada. El motivo fundamental es que su falta de constancia hace que no establezca relaciones de amistad con otras madres que si son asiduas.
Consecuencia; llegas al parque y buscas desesperada alguien con quien hablar, esa madre tan simpática que se apiadó de ti la última vez que estuviste allí y te dio conversación. Lamentablemente no la ves por allí, posiblemente también era una mala madre que hoy ha conseguido escaquearse.
Resignada a tu destino te dispones a buscar un buen rincón donde pasar desapercibida.
Pero eso es casi imposible para la peor madre del año.
Cuando empiezas a relajarte tu hijo, que ha merendado estupendamente antes de bajar, mira con lástima, mientras se lamenta, al niño de al lado que está comiéndose unas galletas (aquí puedes añadir cualquier otra cosa como gusanitos, bocadillo, agua... ).
La buena madre de dicho niño se encarga de suplir tus carencias ofreciendo a tu hijo aquel "alimento vital" que tú has olvidado. Su generosidad va acompañada de una mirada de lástima hacia tu hijo, y de desprecio inmisericorde hacia ti.
Después de deshacerte en agradecimientos te alejas discretamente del lugar, buscando otro rincón oscuro donde no ser reconocida como "la madre que no alimenta a su retoño".
Otra razón por la que no me gusta ir al parque es porque nunca acierto con los juguetes que mi hijo necesitará. Si llevo la bici esa tarde nos da por el cubo y la pala, que por supuesto tiene que dejarnos otra madre mas previsora y generosa. Si llevamos el cubo y la pala descubrimos con pavor que esa es la tarde de los coches, y así hasta el infinito.
El otro día decidí no ser sorprendida y bajar bien preparada. Sin nada que envidiar a un sherpa nepalí cargué con todos los juguetes.
Mi vecina del quinto cuando nos vio me preguntó si nos íbamos de vacaciones. Me dio vergüenza reconocer que solo iba al parque así es que le seguí la corriente y le conté un proyecto de viaje inexistente. (Las malas madres también somos mentirosas).
Mi vecina del quinto cuando nos vio me preguntó si nos íbamos de vacaciones. Me dio vergüenza reconocer que solo iba al parque así es que le seguí la corriente y le conté un proyecto de viaje inexistente. (Las malas madres también somos mentirosas).
Cuando llegamos al parque y desplegué todo lo que llevábamos los niños creyeron que eramos la avanzadilla de los Reyes Magos, y las madres temieron que fuese a montar un mercadillo ilegal entre los columpios y el arenero.
Ante mi estupor mi hijo decidió que ese día lo único que le apetecía ere correr de punta a punta del parque, con su frustrada madre arrastrando una juguetería a sus espaldas.
La última razón por la que no me gusta ir al parque es porque siempre me encuentro alguna madre psicótica. El último caso fue una mamá que vigilaba con preocupación a mi hijo, o mas bien el coche que me hijo llevaba en la mano. El drama se desencadenó cuando vio como mi hijo se metía el coche en el bolsillo del abrigo, juguete que dicha madre confundió con un coche de su hija. Cuando empezó a regañar a mi hijo y a acusarle de intento de robo tuve que intervenir. Con bastante paciencia le intenté hacer comprender que ese coche no era el de su hija, posiblemente se le pareciese, incluso fuese igual, pero no era el suyo.
Durante más de diez minutos lo intenté sin ningún resultado, mientras la obstinada mamá defendía la propiedad del vehículo.
Afortunadamente su hija, preocupada por el color púrpura que iba adquiriendo el rostro de su madre, decidió tomar cartas en el asunto y desvelar que su coche había estado media tarde enterrado en el arenero, y que en ningún momento había corrido peligro.
Afortunadamente su hija, preocupada por el color púrpura que iba adquiriendo el rostro de su madre, decidió tomar cartas en el asunto y desvelar que su coche había estado media tarde enterrado en el arenero, y que en ningún momento había corrido peligro.
Esa tarde volví a casa satisfecha por no ser la peor madre del parque, y sobre todo feliz porque al día siguiente yo no tendría que bajar al parque. Ah no, al día siguiente le tocaría vivir su gran aventura semanal al padre de la criatura, porque otra cosa no pero en nuestra casa vivimos en democracia, y los malos tragos nos los repartimos al 50%.
martes, 9 de abril de 2013
6ª candidata. De madre a abuela.
Ahora que las peores madres alzamos nuestras cabezas con orgullo y decimos bien alto -sí, yo soy una de esas malas madres que se mencionan en este blog-, no dejan de surgir nuevas candidatas a nuestro premio.
Lo más curioso es que algunas de ellas ya son abuelas, como nuestra sexta candidata, madre de dos hij@s y abuela de 5 niet@s.
Pili es una hacendosa madre/abuela, que cose con esmero, cocina con cariño y mima a su descendencia. Pero a pesar de todo eso también es una de las peores madres (o lo fue hace muchos años).
Ya sabemos tod@s lo malo que son las prisas por la mañana. Vamos a la carrera y al final siempre se olvida algo importante; el bolso de la piscina, las llaves de casa (dentro de casa), e incluso la carpeta con el informe que estuviste redactando hasta la una de la mañana y que tienes que presentar ese día.
Pero el despiste de nuestra sexta candidata fue mucho peor.
La mañana que se desencadenó el drama su hija de 5 años estrenaba un precioso jersey azul que le llegaba a las rodillas, y que ella le había tejido primorosamente, además de sus leotardos y esos pantalones bombachos que en los ochenta causaban furor infantil.

Cual no sería la sorpresa al descubrir que la niña se había ido al colegio sin pantalones. Monísima con su jersey largo, que le servía de mini vestido, pero al fin y al cabo sin pantalones.
Habrá muchas que te llamen visionaria, ya que iniciaste lo que luego ha sido la tendencia de los mini dress tricotados, o vestidos jersey, pero para nosotras la querida abuela Pili ha pasado a ser oficialmente la sexta aspirante al Premio a la Peor Madre del Año.
¡¡ Bienvenida a nuestro club !!
miércoles, 6 de marzo de 2013
Pastillas para la memoria.
La vivencia que a continuación se relata me hizo sentir francamente mal durante unos días. Pensaba que mi nivel de despiste no podía ir a mas hasta que...
Los sábados llevamos a mi hijo a natación. Hasta ahí nada nuevo.
La piscina se encuentra a 60 km de mi casa. Ya se que estáis pensando, este niño es el próximo Phelps y le llevan a un centro de alto rendimiento.
Pues no, es normalito tirando a osado y no le gusta nada bucear.
La elección de esta piscina es porque está al lado de la casa vacacional de los abuelos, y cuando entra el buen tiempo pasamos allí muchos fines de semana.
Ahí estamos a primera hora de la mañana corriendo por casa para salir con tiempo suficiente, evitar el atasco que provocan los domingueros, ikea-adictos y esquiadores, y llegar antes de que la clase se acabe (que alguna vez nos ha pasado). Niño, llaves del coche, desayuno energético post sesión acuática, abrigos...
Y 45 minutos después y tras aparcar el coche... ¿dónde está el bolso de la piscina?????
Exacto, en casa, muy colocadito en el mueble de la entrada para no olvidarle.
Entonces pensé; visto que hoy no hay clase nos vamos a ver a los abuelos que están al lado y así aprovechamos el día y el viaje.
De vuelta a casa me di cuenta de un detalle. En casa de los abuelos había bañadores y toallas de las que usamos en verano. ¿Os imagináis mi cara cuando caí en la cuenta?
Por supuesto esa semana también gané yo, y me puse la primera en el ranking y con ventaja.
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