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domingo, 3 de noviembre de 2013

Tarde terrorificamente divertida

Viernes tarde, día de todo los santos, Halloween, y nosotros sin planes. 
El día anterior todas las mamás del cole me comentaban las fiestas de disfraces a las que iban a asistir durante estos días, y los disfraces que tenían preparados. Nosotros, tan alternativos como siempre, solo teníamos un plan, celebrar el día 1 el cumple de mi suegra. Pero mi suegra también nos falló y nos pospuso la celebración al domingo.

Como soy una madre con recursos hice un barrido por los mails y sms recibidos buscando algo que había visto de pasada. Ahí estaba, la tienda de juguetes Imaginarium del barrio organizaba un taller misterioso al que invitaba a todos los niños que quisieran acudir.

Cuando llegamos allí nos encontramos un montón de pequeños diablos sentados en dos mesas largas haciendo galletas de plastelina. Dos brujas-monitoras se encargaban de dar las explicaciones oportunas.

La sorpresa fue que la supuesta plastelina en realidad era un preparado para galletas, compuesto de unos polvitos milagrosos que al echarle un poco de agua y amasarlo tomaba textura. Los niños lo amasaron y le dieron aterradoras formas de variados colores. Las monitoras-brujitas pusieron los proyectos de galleta en el horno y tras unos minutos de espera, durante los que mantuvieron entretenidos a los niños con un pequeño juego, las galletas estuvieron listas. 

Os garantizo que no recibo ni un céntimo de esta tienda por la publicidad, pero para madres con pocas habilidades culinarias, como es mi caso, es una forma estupenda de mantener a los peques entretenidos, preparando la merienda, y sin correr riesgos con el tamaño de las galletas

Ya sabéis que si por algo se caracterizan las peores madres es por buscar las soluciones más cómodas y sencillas.

Esa tarde muchos niños iban disfrazados, pero otros no. Eso no suponía ningún problema porque según pasaban al recinto delimitado para la actividad todos se transformaban en pequeños diablos rojos. En un visto y no visto les ponían capa, cuernos y tridente. 
Mi hijo iba con su camiseta de Batman con capa incorporada, y no estuvo de acuerdo con sustituir su atuendo. Apenas me dio tiempo a verle treinta segundos con el rojo disfraz puesto, antes de que se lo quitase todo. Por más que las brujas-monitoras intentaron razonar con él no consiguieron hacerle cambiar de opinión, y fue un Batman entre demonios. 

Cuando las galletas estuvieron horneadas a cada cocinero le dieron la suya, que metieron en una bolsita de papel para dejarla enfriar. 
La galleta estaba muy rica, os lo digo yo que me comí la mitad.

Y vosotr@s ¿qué habéis hecho en Halloween?

domingo, 13 de octubre de 2013

El peor padre del año: cómo pasarlo bomba en el parque

Me presento, soy el padre de "la fiera", aunque yo le llamo "guindilla".

Hoy puedo decir con seguridad que me he sentido el peor padre del año, y visto lo bien que le funciona la terapia bloguera a la mamá de guindilla he decidido compartirlo con vosotr@s.  

Todo comenzó como una tarde de parque normal y corriente, jugando con mi hijo en los columpios, en la arena...lo típico. En estas que vemos a un amigo suyo que siempre juega con nosotros, y el cual ya me tiene fichado. En cuanto me ve a lo lejos me grita  - ¡¡ Holaaaaa, papaaaa de Yaaaago !!

Mi idea inicial era jugar un rato al fútbol con ellos, cuando este niño nos dice -¿por qué no jugamos a las bombas? 
Aquí es donde os preguntáis ¿qué juego es ese de las bombas?
Bueno, pues es un juego que un día se me ocurrió con ellos, y que consiste en que se quedan de pie en la arena, o subidos en el balancín, y yo tiro al aire una pelota que ellos esquivan, rodando por la arena como si fuese una “Bomba” que les cae encima.
Un juego que yo consideraba super inocente y divertido para ellos, hasta ayer.

A partir de hoy me tengo que replantear esa suposición, y os cuento por que. 
Resulta que tras proponérmelo yo les dije, - vale vamos a la arena y jugamos a eso. 
En ese momento les veo salir corriendo emocionados hacia el parque de arena mientras yo iba andando detrás. 
Ya a lo lejos percibí un posible problema cuando vi el balancín ocupado por niños más pequeños, y la zona donde solemos jugar ocupada. Mis temores se cumplieron cuando veo como el amigo de mi hijo empieza a hacer gestos y a vocear a los otros niños. 

Aceleré el paso para decirles que nos podíamos poner en otro sitio y no pasaba nada. Cual fue mi sorpresa cuando al llegar al balancín veo a varias madres pálidas y con cara de susto. Según me vieron aparecer me empiezan a decir cosas como - Dios que susto, este niño viene diciendo que un padre va a poner una bomba en el balancín. Otra decía - Este niño ha venido corriendo gritando que nos tenemos que quitar del balancín porque allí van a explotar las bombas.
Yo os juro que no sabía donde meterme muerto de vergüenza. Solo podía pensar; ¿qué clase de padre soy que juego a las bombas con los niños?. 
Después del incidente, y con las madres al lado, no tenia yo mucho cuerpo para lanzarles las famosas bombas, así es que me limité a intentar convencerlos de jugar a otra cosa, y tratar de volver a casa lo antes posible.

Eso sí, de camino a casa solo intentaba pasar desapercibido, y caminaba un poco encorvado, sin poder evitar pensar qué estarían diciendo esas madres de mí. No me extrañaría que a partir de ahora se me conozca en el parque como “el terrorista del arenero” o algo así.

Tras comentárselo a la madre del guindilla me ha dado la solución - simplemente diles que vais a jugar a que caen meteoritos, y así evitas malentendidos. 
A buenas horas.

Así es que ya sabéis, a veces un juego que consideramos inocente puede dar pie a un malentendido y un momento bochornoso. Os lo asegura El peor padre del año.


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Cuando al llegar a casa me contó lo sucedido no podía dejar de pensar en alguna madre temerosa llamando a la policía nacional y a los artificieros.
Luego en las noticias dirían que el papá jugaba a juegos de rol, y mis vecinas dirían a los de la tele que era un tipo simpático y educado, que daba los buenos días y que nunca se imaginaron que algo así pudiese pasar.  

Chicas, yo creo que se merece ser nuestro candidato nº16
¿vosotras qué opináis?

miércoles, 14 de agosto de 2013

Juegos en la piscina

Ya estoy de vuelta de mis fantásticas vacaciones. Fantásticas porque lo han sido y porque aún puedo presumir de tener vacaciones. Sería una necia desagradecida si me quejase con la que está cayendo en España y en el mundo. Pero ya sabéis que mi blog se caracteriza por su positivismo y humor y no lo cambiaremos en esta ocasión. 

Aunque de vuelta al curro, o como me gusta llamarlo "mi asfaltada realidad", mis vacaciones siguen porque este mes de agosto vivo con los abuelos en la casa de la sierra. Mi chico tendría otro punto de vista, ya que le toca convivir casi mes y medio con los suegros, pero eso que os lo cuente él si quiere y tiene ganas. 

El caso es que disfrutamos del privilegio de tener a nuestra disposición una piscina, que para más inri no usan la mayoría de los vecinos. No me preguntéis el motivo, la verdad la ignoro, aunque tengo jugosas teorías que os puedo contar en otra ocasión. 

Pues ahí me tenéis con mi inseparable bañador (desde que soy modelo de portada no me lo quito por miedo a los paparazzi), y mi fiera, cada día más acuática.

Después de una hora dentro del agua, flotando detrás del canijo, subiéndole al bordillo para que pueda volver a saltar dentro por millonésima vez (ahora que por fin le ha perdido el miedo a mojarse la cara), arrugadita cual pasa, pelada de frío por no poder nadar y necesitada de unas carreritas (quien lo iba a imaginar), no dejo de rogar para que una familia numerosa, con trece hijos fanáticos de las piscinas con el agua fría, se muden aquí, o por lo menos vengan a pasar sus vacaciones. 

El otro día tuvimos suerte. Un hijo pródigo decidió visitar a su madre, mi vecina, y además se trajo consigo a su hijo de 10 años y un amiguito. Verlos y querer jugar con ellos fue la respuesta inmediata de mi fiera, pero claro, la edad es la edad, y seis años de diferencia se notan. 

De repente tuve uno de esos momentos de iluminación. Mi hijo muy deportista no es, pasa del fútbol, pasa de la bici y pasa de su madre. De lo que no pasa es de sus muñecos de super héroes, que le chiflan y viajan con él a todas partes, y la piscina no es ninguna excepción. Aprovechando esta circunstancia se me ocurrió un juego.

- Chicos cerrad los ojos. Voy a esconder los muñecos por la piscina. Vamos a ver cuantos podéis encontrar. 

El plan fue acogido con mucho entusiasmo. Escondí los 11 muñecos y los tuve la mar de entretenidos. Hubo hasta 3 repeticiones del juego, hasta que llegó la hora de irse a comer. 

Eso sí, alguna pista había que dar de vez en cuando:

- Hulk camuflado su color ha buscado. 
- Superman está donde volar no puede.
- A Lobezno verás si dispuesto a deslizarte estás. 
- Batman oculto a la sombra te espera.
- Spiderman trepador a un tejado se subió. 
- Estela Plateada surfea en la plata (sí, lo se, no rima, yo también me he dado cuenta). 

y por supuesto el socorrido frio-frio, caliente-caliente, que mi imaginación y mi arte rimando no dan para tanto, y Gloria Fuertes no hay más que una. 



Y vosotr@s 
¿Qué es lo más raro a lo que habéis jugado este verano?

domingo, 30 de junio de 2013

¿Hoy no viene tu padre?

Como sabéis, en casa no somos nada aficionados a los parques, y por esa razón  el papá y yo tenemos repartidos los días en que nos toca sufrir tormento.

Personalmente lo llevo mejor desde que hago botellón con mis amigas madres del parque, pero no siempre coincidimos.

En ocasiones vamos al parque más próximo a casa en el que todavía no tengo amigas, y en el que venía observando una conducta extraña entre los compañeros de juegos de mi hijo. 

Últimamente cuando bajo a dicho parque con mi hijo el resto de niños me mira con decepción, lo que me tenía bastante desconcertada teniendo en cuenta que todavía no saben leer y es materialmente imposible que conozcan este blog. 
El remate fue el otro día, cuando dentro de la discreción que caracteriza a los niños de 3 años uno se acercó a mi hijo para preguntarle que donde estaba su padre, y por qué no había bajado. 

Esa popularidad repentina de mi chico entre los infantes me resultaba desconcertante a la vez que incomprensible. 
Tras mucho indagar descubrí el origen de ese interés. Resulta que un día comenzó a jugar a super héroes con mi hijo, y como no sería de entretenida la historia que se le fueron uniendo niños/personajes a la aventura, a la vez que extendían el decorado a otras zonas del parque, hasta acabar superando los guiones de George Lucas en sus mejores tiempos. 



Como os podréis imaginar ahora los niños esperan ansiosos la continuación de la saga que se han montado, y cuyos capítulos solo se celebran 2 tardes por semana. 

Por mi parte, como no quiero ser menos, estoy formando un grupo con las niñas del parque a lo Sexo en New York, y charlamos de los novios de nuestras barbies, los manolos recién adquiridos, y de los diseños de alta costura que les hacen las abuelas. Por cierto, ¿sabéis lo ultimo de Kent?

Estoy deseando que aprendan a leer para pasarles las direcciones de mis blogs favoritos de moda, salud y belleza.



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