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domingo, 8 de septiembre de 2013

EL DÍA QUE PERDÍ A MI HIJO

Si hay un hito que te abre las puertas del grupo de las peores madres del año es perder a tu hij@. Hasta que no pasas por ese lamentable trance no puedes coronarte como una verdadera mala madre. 

Yo estoy de aniversario. Ahora hace un año que perdí a mi hijo por primera vez. No me atrevo a descartar que me vuelva a ocurrir, aunque no me gustaría.


Estábamos de vacaciones. Íbamos de viaje al norte y paramos a medio camino. Encontramos una cafetería con terraza y allí nos quedamos. 

Mientras mi chico entró a pedir los refrescos yo me quedé fuera con el canijo.
Fue ver desaparecer al padre y decidir que él también quería acompañarle. Confiada de mi le dejé ir solo. 

Cuando a los cinco minutos vi aparecer al padre sin acompañante me sentí morir. Me lo debió ver escrito en la cara porque no le dio tiempo a preguntar donde estaba el niño. Ambos nos lanzamos en plancha al interior del bar.

Al entrar vi que había otra puerta que daba acceso a las vías del tren, porque resultó que aquel bar era también la estación del tren. 
Ante el estupor de la gente que por allí andaba me lancé en plancha a las vías, que para mi tranquilidad estaban despejadas. 
Cuando volví a entrar mi chico buscaba desesperado entre las mesas y en el baño de caballeros. 

En ese momento apareció mi hijo tan campante, iba charlando con una señora que se lo había encontrado en el baño de señoras. 

La pobre mujer iba buscando a los padres de aquella criatura, que campaba a sus anchas la mar de tranquilo buscando a su padre. 


Aquel día mi hijo ascendió a la escala de #niño-ninja, que es aquel con capacidad para desaparecer sin que sus padres se den cuenta, mimetizándose con el entorno y pasando totalmente desapercibido. 

Su padre me puso su cara de "si no llega a aparecer te tiro a la vía", y no me habló durante el resto del viaje.

Por supuesto ha perdido la poca confianza que tenía en mi como madre, mujer y persona sensata. 

Al niño no le han quedado secuelas de aquel incidente, y de hecho sigue ejerciendo de ninja cada vez que puede y nos descuidamos 30 segundos. 


La madre (o sea yo) ganó sus galones de peor madre del año entrando por la puerta grande. 


Esta aventura es sin dudarlo de la que más avergonzada me siento, pero como este blog es mi terapia he considerado oportuno desvelarlo, para escarnio público y en solidaridad con otras malas madres a las que les haya ocurrido algo similar. 


Uno de los lugares clásicos para la pérdida de hij@s son los centros comerciales. 

Ya sabéis;  el niño, el carro... uy que vestido más mono, me lo pruebo en un momento, lo pago, me voy... ¿dónde está el carro? ¿dónde está el niño?
El otro es el parque. Te despistas cinco minutos comentando las proezas de tu nene con una mamá, y cuando te quieres dar cuenta ha desaparecido entre los arbustos persiguiendo mariposas. 

En fin, otra de esas cosas que no os cuentan en los manuales pero que es muy probable que os ocurra en alguna ocasión, sobre todo si sois tan despistadas y confiadas como yo. 


Cada día lo tengo más claro, hay que patentar el chip infantil. Un pinchacito en el cuello y localizado de por vida. 

miércoles, 19 de junio de 2013

Fenómeno FAN

Cada día que pasa le encuentro más ventajas a esto de tener amigas malas madres de parque (incluyo a los papás que se nos han unido). Entre muchos beneficios está el de la información. Ahora me entero de más cosas, que antes ignoraba por mi naturaleza despistada. Por ejemplo; en la última semana gracias a los sabios consejos de mis nuevas amigas he adquirido una cera repara parqué estupenda, una alfombra de plástico que va a evitar la extinción de la poca madera que quedaba en el estudio, y ahora se como preparar una pizza que no es pizza y lo mejor de todo ¡¡no engorda!! (casi nada).

Pero sin lugar a dudas la información más valiosa que me han filtrado esta semana ha sido que venían los Cantajuegos al barrio y gratis. Sí, yo tampoco me lo creía cuando me lo contó por WhatsApp mi chico.

Os pongo en situación. Ya sabéis mi teoría de que lo malo hay que repartírselo al 50%, por eso yo recojo del cole al niño dos días en semana, su padre otros dos y los abuelos el que falta. Luego cada cual se organiza la tarde a su gusto. 
Pues yo estaba ayer de libranza, reponiéndome de una dura sesión de gimnasio cuando recibí el WhatsApp. A la salida del cole Estela, una de mis nuevas amigas y estupenda fuente de información (ella fue la que me descubrió la maravillosa peluquería con videoconsolas y dibujos), les contó que en el centro comercial del barrio iban a estar esa misma tarde los... Cantajuegos (cada cual que elija el adjetivo que más le agrade, yo tengo muy claro el mío). 

Mi chico, pura osadía, ni corto ni perezoso se puso en ruta y allá que se fue. Yo no daba crédito mientras leía su relato en tiempo real por el móvil  Entre otras razones porque el año pasado la tuvimos  bien gorda porque saqué entradas para ver a los... Cantajuegos con otro amigos y él pasó olímpicamente del planazo, lo que supuso tener que tirar de abuelos una vez más. 

Pues ahí lo tenéis,  el padre del mes, haciéndose hueco entre las masas (creo que aquello era peor que un concierto de los Rolling). Ni Bisbal en su última gira ha tenido tanto éxito. 
Los niños enfervorecidos, las mamás desesperadas por colocar a sus retoños en primera fila y que fuesen tocados por estos iluminados de la música infantil. Los abuelos abriéndose paso con los carros para ver si era verdad que regalaban bocatas, incluso algún despistado que confundió aquello con la ventanilla de sellar el paro.
Papá, muy prudente, se quedó en la segunda planta observando el espectáculo desde las alturas. Esto le funcionó muy bien hasta que el grupo apareció en escena y a mi hijo le entró un ataque de llanto emocionado-desesperado, al más puro estilo fan de Justin Bieber, que obligó a su padre a meterse en medio del fregado. 

Según luego me confesó nunca hasta la fecha había pasado tanto miedo. Todo valía para acercarse al improvisado escenario, carros de la compra a modo de ariete, codos afilados, y el siempre socorrido empujón empujón empujón. 

Después de 4 canciones que los niños corearon y bailaron entusiasmados (que levante la mano quien no se sepa la coreo de "taza, tetera, cuchara, cucharón"), empezó lo realmente interesante, la venta y firma de discos, o ¿es que de verdad pensabais que aquello era gratis?
Pero Papá ahí estuvo ágil, y antes de que el incauto del peque se diese cuenta corrían desaforadamente en dirección a la calle y de vuelta a casa. 
Llegaron encantados, uno por el concierto y el otro por librarse de la compra.


¡¡ Qué gran tarde !!

Sobre todo para mi que estaba disfrutando del sofá en exclusividad.
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