domingo, 27 de octubre de 2013

Sábado en la Warner - la versión de papá

Bueno, ahora que habéis leído la versión de la mamá del guindilla os voy a contar como viví yo ese día, ya que aunque parezca mentira pasamos poco tiempo juntos, porque nos turnábamos mamás y papás para hacer las colas, y por eso algunas cosas las sufrimos de forma diferente.


Yo cuando entré en el parque iba con la idea fija de ver la zona de superhéroes, pero las mamás nos llevaron directamente a la zona infantil. Menos mal que al final pudimos visitarla.


Lo primero de todo es que fuimos en plan superviviente y decidimos no coger ningún plano, confiando en nuestro natural sentido de la orientación y la improvisación. El primer sitio al que entramos fue la casa del Pato Lucas, que parecía vacía por fuera y por dentro ocultaba una cola interminable, para al final hacerse una foto con alguien disfrazado de Lucas, pagando, claro. ¿Qué hicimos? Escaparnos por la primera salida de emergencia que encontramos.


Tras pasar por varias atracciones nos fijamos en que casi todas tenían una entrada especial, algo así como un pase rápido, así es que en un momento de desesperación las mamás nos enviaron a comprar esos pases para que los niños pudiesen montar en más cosas.


Mi amigo y yo teníamos una misión, encontrar donde comprar esos pases, pero nuestro sentido de la orientación nos jugó una mala pasada, y como íbamos sin plano, acabamos dando la vuelta entera al parque (zona de superheroes incluida). 

Al regresar a la casilla de salida vimos una tienda y entramos a preguntar (sí, renunciamos a nuestro orgullo después de pasar dos veces por el mismo punto). Para variar era un poco timo, pagabas 7 euros y tenías derecho a pase rápido para 4 personas en una atracción, inmediatamente decidimos desechar la idea, pero nos quedaba la tarea más difícil, convencer a las madres de que no era tan bueno como lo pintaban.

Mientras tanto las mamás y las fieras estaban en la cola de la atracción de Scooby Doo. Entonces recibí una llamada de la mamá de guindilla diciéndome que llevaban una hora dentro, y que preguntásemos a la gente que salía si merecía la pena seguir esperando, o si aprovechaban para escapar por una salida de emergencia que se encontraba próxima. Os seré sincero, todo el mundo comentaba lo mismo. Los adultos: “una hora y media para 2 minutos de atracción, vaya mierda engaño”. Los niños: “mi pistola estaba rota y no disparaba”. 

Yo llamé a la mamá de guindilla y le solté:  “no tiene mala pinta, la gente parece salir contenta”. Me daba pena decirle la verdad. Ya la descubriría por si misma, para que arruinarle la sorpresa.


Sin duda mi momento estrella fue cuando me engañaron para subir con los niños a la atracción de agua del oso Yogui. Al subir a la barca y ver los asientos empapados me preocupé, y pensé que quizás no había sido tan buena idea, y que aquello mojaba más de lo que parecía a simple vista. Nada mas arrancar nos regaron como en un túnel de lavado de coches. Nos cayó agua por todos lados, incluyendo las barcas de otros niños que nos disparaban con pistolas de agua. (Casualmente mi pistola no funcionaba). Tras unos minutos que me parecieron horas finalizó el tormento. Al bajarnos escurrimos lo mejor que pudimos la ropa, momento que aprovecharon unos niños que iban en otra barca para volver a mojarnos.


Del tema de las máquinas secadoras no contaré mucho más, solo diré que no valen para nada, y menos si te metes con tres niños y dos madres sujetando zapatillas y calcetines en alto.


Cuando por fin fuimos a ver la zona de superhéroes encontramos una tienda en la que vendían chubasqueros (carísimos), esos en los que tanto pensé durante los minutos interminables de agua sin fin que acababa de vivir.  Además la señora de la tienda, ante nuestro inconfundible aspecto, nos confesó que la atracción del oso Yogui era la que más mojaba de todo el parque. A buenas horas.


Al acabar el día todos nos reímos de lo vivido, pero para mi el mejor momento fue cuando llegué a casa y me pude cambiar de ropa, y volver a sentir que la sangre circulaba por mis extremidades inferiores.

viernes, 25 de octubre de 2013

#Viernesdandolanota - It´s raining men

Hoy os traigo una de esas canciones a la que es imposible resistirse. Es oírla y los pies se ponen solos en movimiento.  
Aprovechando que es viernes otoñal y llueve, demos la bienvenida al fin de semana con otro tipo de lluvia.
Además os sirve de propuesta cinematográfica, para pasar un rato divertido, a la vez que romántico, ya que esta canción forma parte de la banda sonora de Bridget Jones.
¡¡ It´s raining men !!






jueves, 24 de octubre de 2013

Arte abstracto en el pasillo de casa

Siempre quise pintar. Eso de hacer tus propios cuadros tiene un irresistible encanto para mi. 
Nunca he tenido grandes aspiraciones, ni suficiente calidad artística como para parecerme a Velázquez, pero desde mi ignorancia tenía la impresión de que el arte abstracto estaría más a mi alcance. Desde que vi expuesto en el Museo Reina Sofía de arte contemporáneo de Madrid un lienzo completamente negro con un punto blanco titulado "la noche", no he dejado de darle vueltas a la idea de probar suerte con la pintura. 

A raíz de una pequeña reforma en casa, en la que aprovechamos para pintar el pasillo, renació esta inquietud. 
Las tres láminas que tenía colgadas desde siempre de repente no me pegaban con el color gris de la pared. Tras valorar diferentes opciones de calidad, incluido un encargo a una amiga que pinta muy bien, decidimos optar por la versión más económica. Compramos 3 lienzos blancos, 6 botes de óleos de diferentes colores y dos pinceles. 

Me senté frente al lienzo, con el pincel en la mano y sin idea de por donde empezar. De repente todas aquellas ideas que tan definidas estaban en mi cabeza se esfumaron. Aquello que aparentemente era tan sencillo (un trazo ancho en negro y dos puntos de color) no resultaba atractivo. Se veía chapucero y cutre. 

Entonces el padre de la fiera me dio una idea -¿por qué no dejas que lo intente el niño? Así siempre podrás justificar que lo hizo un niño de 3 años (que era su edad por entonces). 
Por supuesto el canijo se mostró más que dispuesto. 


Plantamos un mantel en el suelo, el primer lienzo blanco y las pinturas. Allá que se lanzó él, trazo por aquí, trazo por allá. Ahora mezclo estos colores. Ahora lo emborrono todo un poco más. 

Cada vez que quedaba algo medianamente chulo y le tratábamos de convencer de que lo dejase, él volvía a pasar el pincel por encima con otro color.

Fue una tarde de lo más entretenida, viendo disfrutar al canijo, al que habitualmente no le gusta nada dibujar, ni colorear. 

Lo mejor para él, ver colgadas sus obras en el pasillo de casa, y que cada vez que viene alguien de visita le digamos bien orgullosos quien ha sido el artista. 

El resultado final vosotr@s lo podéis juzgar. 


 


domingo, 20 de octubre de 2013

Parques de atracciones - NO, gracias

La semana pasada se me ocurrió un plan genial para el sábado. Irnos con unos amigos y sus hijas al Parque Warner en Madrid. 

Ya os aviso que si después de leer esta entrada os quedan ganas de ir debéis preparar muuuucho dinerito. 

Como vivo ajena al mundanal ruido no me había enterado de que el sábado 12 de octubre era fiesta nacional, y claro, media España tuvo la genial idea de copiar mi plan para ese día. Después de superar la caravana de coches que conducía al parking, pagar los 9 euros exigidos por acceder y dar veinte vueltas para encontrar una plaza libre, accedimos al recinto.

Dos entradas de adulto y una de niño = 87€.
Esta inversión te da acceso a todas las colas del parque. Una media de 90 minutos por atracción, lo cual es divertido y llevadero con niños de 4 a 7 años que se sientan y esperan pacientemente. Ay, perdón, que esos niños no existen. Pues eso, un infierno. 
Niños que se pegan con los de delante, que pellizcan a los de detrás, que tienen sueño, que tienen sed, que quieren brazos, que tienen ganas de orinar justo cuando vas a acceder a la atracción (y te toca deshacer el camino a mil por hora ante la mirada estupefacta del resto de la gente), ¡que se ponen insufribles!.

Según llegamos y vimos el panorama empezamos a buscar atracciones poco saturadas y, ¡oh! ¡sorpresa!, no las encontramos. 
Los papás/mamás más listos, dando ejemplo a sus vástagos de como actuar, se dedicaban a colarse en cuanto veían la ocasión, con la consecuente riña entre adultos, mientras  el resto se limitaba a esperar su turno con resignación.

El acceso a las atracciones está diseñado por mentes retorcidas. Tú te asomas y ves treinta personas delante de una puerta y piensas - qué suerte, aquí hay poca gente esperando, vamos para dentro. 
Cuando cruzas el umbral de la puerta te encuentras en una sala con un caminito que va y viene cuatro veces y limitado por un pasamanos de hierro, y al fondo otra sala. Entonces piensas - bueno, esta sala y luego llegamos. 

Tres salas iguales después tus nervios están crispados, como los de los otros 500 adultos que tratan de llegar a no saben dónde, para montar en no saben qué, con sus desquiciados hij@s.
90 minutos después accedes a un cochecito que tarda exactamente 3 minutos en completar un circuito en el que solo encuentras fotos pintadas en colores brillantes de Scooby Doo y sus amigos. 
Lo mejor del caso es la ingenuidad y el corazón agradecido de los niños, que salen encantados y convencidos de que aquella agónica espera mereció la pena.

Cuando llegó la hora de comer buscamos uno de los múltiples restaurantes de comida ultra rápida. Porque para quienes no lo sepáis "queda terminantemente prohibido introducir alimentos en el parque". Una medida solidaria con la economía familiar actual y con el apetito voraz y constante de los pequeños. 
Resumiendo, 10 € menú infantil de macarrones, patatas y 3 croquetas, y 15 € el de adultos (ensalada y pollo asado). 

De vuelta a la actividad tras la "opípara" comida nos entusiasmamos al encontrar una atracción sin colas. Cero personas esperando para montarse. 
Lejos de preguntarnos a que se debería esa rara situación decidimos enviar a los tres niñ@s con el padre de la fiera, único voluntario para tamaña aventura. Sin apenas presión aceptó mi sutil sugerencia: - anda ve tú, hombre no seas así, piensa en los niños. No seas rancio. Ve, que ya verás que divertido, que los pobres no se han podido montar en nada. Aprovecha que no hay gente.

¿Es necesario que os diga que se trataba de una atracción acuática o ya lo habíais sospechado?


Cinco minutos después la barca del Oso Yogui nos devolvió cuatro seres acuáticos, que no tenían seco ni un poro de su cuerpo. Chorreando agua de cabeza a pies, como quien se cae vestido en una piscina, salieron los cuatro desdichados, que no sabían si reír o llorar. 

Yo reí, reí mucho. Con esa risa nerviosa de "madre mía qué hago ahora con estos dos empapados. Mañana pulmonía asegurada". 


Mensaje a futuras generaciones: "sed creativos y tened ideas innovadoras" (si no sirven para nada no os desanimeis). Esto os lo digo porque un ingeniero iluminado tuvo el acierto de colocar a la salida de la atracción una cápsula que es un secador gigante. Al módico precio de 2€ - 5 minutos te promete salir igual de seco que entraste. 
Como tenemos fe en la humanidad metimos al papá de la fiera y a los tres niñ@s. 15 minutos después y 6 euros más pobres abandonamos la cápsula de no secado ultra rápido tan mojados como la habíamos encontrado, y ante la mirada desesperada de otra familia de incautos que había sucumbido a la única atracción sin esperas.
 
Mi amiga, mujer sensata y madre abnegada, llevaba una muda de cambio para sus hijas. 
Yo NO. 
Mi amiga puso braguitas, pantalón y camiseta secas a sus hijas. Yo desnudé al mío y usé mi chaqueta de punto para improvisar unos pantalones, y a modo de calcetines unas bolsas de plástico, porque las zapatillas deportivas estaban encharcadas. 

Lo bueno del caso, mi hijo está acostumbrado al desastre de su madre que nunca le lleva muda cuando sale de casa. Consecuencia, no le importa exhibirse medio desnudo entre miles de personas. 

Moraleja: cuando vayáis a un parque de atracciones llevad siempre ropa de cambio y mucho dinero. Ah, si es posible id un día no festivo y entre semana. 


                             

viernes, 18 de octubre de 2013

#Viernesdandolanota - con Cantajuego

Hoy el #viernesdandolanota es muy especial, porque en el vídeo sale Pilu, la preciosa hija de Piluca, nuestra amiga bloguera de 40ytantas.

La canción escogida es la versión que Cantajuego ha hecho de un clásico de The Beatles "here comes the sun".

Espero que os guste y que paseis un estupendo fin de semana    8-)






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