miércoles, 6 de marzo de 2013

Pastillas para la memoria.


La vivencia que a continuación se relata me hizo sentir francamente mal durante unos días. Pensaba que mi nivel de despiste no podía ir a mas hasta que...

Los sábados llevamos a mi hijo a natación. Hasta ahí nada nuevo.
La piscina se encuentra a 60 km de mi casa. Ya se que estáis pensando, este niño es el próximo Phelps y le llevan a un centro de alto rendimiento. 
Pues no, es normalito tirando a osado y no le gusta nada bucear. 
La elección de esta piscina es porque está al lado de la casa vacacional de los abuelos, y cuando entra el buen tiempo pasamos allí muchos fines de semana.
Ahí estamos a primera hora de la mañana corriendo por casa para salir con tiempo suficiente, evitar el atasco que provocan los domingueros, ikea-adictos y esquiadores, y llegar antes de que la clase se acabe (que alguna vez nos ha pasado). Niño, llaves del coche, desayuno energético post sesión acuática, abrigos...
Y 45 minutos después y tras aparcar el coche...  ¿dónde está el bolso de la piscina?????
Exacto, en casa, muy colocadito en el mueble de la entrada para no olvidarle. 


Entonces pensé; visto que hoy no hay clase nos vamos a ver a los abuelos que están al lado y así aprovechamos el día y el viaje.

De vuelta a casa me di cuenta de un detalle. En casa de los abuelos había bañadores y toallas de las que usamos en verano. ¿Os imagináis mi cara cuando caí en la cuenta?

Por supuesto esa semana también gané yo, y me puse la primera en el ranking y con ventaja.

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