lunes, 18 de noviembre de 2013

Ups, estoy haciendo ejercicio sin querer.

¡¡ Mi hijo por fin se ha decidido a pedalear !!

Nos ha costado pasear arriba y abajo la bici durante cinco meses, en los que solo hacía un movimiento "media pedalada para atrás y media adelante"  así durante cinco minutos, luego se frustraba, se bajaba de la bici y el papá o la mamá a pasear acero. 

Pero esa etapa, como otras tantas, la hemos superado. Ahora va lanzado. Tan lanzado que la gente nos pregunta que por qué no le quitamos los ruedines. Por favor señores que da pedales desde hace 2 días. 

El segundo día se vino arriba, y nada mejor que tirarse por una cuesta abajo, embalado, con su madre corriendo tras él con más miedo que vergüenza.

Aquella situación me ha hecho reflexionar sobre todas esas veces en las que sin pretenderlo acabo haciendo ejercicio

¿Cuantas sentadillas hago al cabo del día recogiendo juguetes del suelo? Si las cuento creo que debo haber realizado 3 millones a lo largo de los últimos 3 años. 

Me río de los que hacen pesas en el gimnasio. Cada vez que me toca hacer la compra con el peque, y al volver a casa se queda dormido en el coche, tengo que subir sus 22 kilos más los otros 22 kilos de la compra. Y vosotr@s diréis ¿y por que no haces la compra por Internet?  Puro masoquismo, y que me lo paso pipa oyéndole cantar  "mercadonall, mercadonall" por los pasillos del super.

También trabajo estiramiento de brazos. Cuando la fiera me hace una trastada gorda le amenazo con tirarle sus juguetes favoritos, pero en realidad los escondo encima de la nevera (esto él no lo sabe, por favor máxima discreción). 




Las rotaciones de cuello no se me olvidan ningún día en el parque. Me paso la tarde mirando a un lado y a otro intentando descubrir donde está jugando. 
Cualquier día la cabeza me da un giro de 360º y me quedo tan campante. 

Para este tema tengo una idea que nadie me quiere patentar. Un chip al cuello, como el que se pone a los perritos. 
Seguro que no le hace daño y a las mamás y a los papás nos daría la tranquilidad de tenerlos siempre localizados. Ahí lo dejo.

Los ejercicios de agilidad forman parte de mi rutina diaria. Esquivar obstáculos en casa, brincar por encima de coches, cajas y casitas, y meterme debajo de los muebles para rescatar juguetes perdidos ya no tiene secretos para mi. Si lo pensáis, es muy parecido a una pista de obstáculos americana. 

La media maratón la corro cada vez que llego tarde a buscarlo al cole, y pienso en un niño desesperado y lloroso que lamenta la impuntualidad y mala cabeza de su madre. 
Cuando llego me encuentro a niños felices jugando en el patio mientra sus madres y padres esprintan los últimos metros para llegar los primeros a la puerta del cole. Todo un espectáculo. 


Pero sin duda alguna mis favoritos son los ejercicios de flexibilidad y contorsionismo. Cuando nos echamos la siesta quedamos dormidos juntos en el sofá, y le tengo encajado cual pieza de tetris entre mi hombro y mi cadera, tengo que hacer mil movimientos para desenroscarme de su abrazo y salir sin despertarlo. 


Y vosotr@s  
¿qué deporte practicáis sin querer?




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