miércoles, 14 de agosto de 2013

Juegos en la piscina

Ya estoy de vuelta de mis fantásticas vacaciones. Fantásticas porque lo han sido y porque aún puedo presumir de tener vacaciones. Sería una necia desagradecida si me quejase con la que está cayendo en España y en el mundo. Pero ya sabéis que mi blog se caracteriza por su positivismo y humor y no lo cambiaremos en esta ocasión. 

Aunque de vuelta al curro, o como me gusta llamarlo "mi asfaltada realidad", mis vacaciones siguen porque este mes de agosto vivo con los abuelos en la casa de la sierra. Mi chico tendría otro punto de vista, ya que le toca convivir casi mes y medio con los suegros, pero eso que os lo cuente él si quiere y tiene ganas. 

El caso es que disfrutamos del privilegio de tener a nuestra disposición una piscina, que para más inri no usan la mayoría de los vecinos. No me preguntéis el motivo, la verdad la ignoro, aunque tengo jugosas teorías que os puedo contar en otra ocasión. 

Pues ahí me tenéis con mi inseparable bañador (desde que soy modelo de portada no me lo quito por miedo a los paparazzi), y mi fiera, cada día más acuática.

Después de una hora dentro del agua, flotando detrás del canijo, subiéndole al bordillo para que pueda volver a saltar dentro por millonésima vez (ahora que por fin le ha perdido el miedo a mojarse la cara), arrugadita cual pasa, pelada de frío por no poder nadar y necesitada de unas carreritas (quien lo iba a imaginar), no dejo de rogar para que una familia numerosa, con trece hijos fanáticos de las piscinas con el agua fría, se muden aquí, o por lo menos vengan a pasar sus vacaciones. 

El otro día tuvimos suerte. Un hijo pródigo decidió visitar a su madre, mi vecina, y además se trajo consigo a su hijo de 10 años y un amiguito. Verlos y querer jugar con ellos fue la respuesta inmediata de mi fiera, pero claro, la edad es la edad, y seis años de diferencia se notan. 

De repente tuve uno de esos momentos de iluminación. Mi hijo muy deportista no es, pasa del fútbol, pasa de la bici y pasa de su madre. De lo que no pasa es de sus muñecos de super héroes, que le chiflan y viajan con él a todas partes, y la piscina no es ninguna excepción. Aprovechando esta circunstancia se me ocurrió un juego.

- Chicos cerrad los ojos. Voy a esconder los muñecos por la piscina. Vamos a ver cuantos podéis encontrar. 

El plan fue acogido con mucho entusiasmo. Escondí los 11 muñecos y los tuve la mar de entretenidos. Hubo hasta 3 repeticiones del juego, hasta que llegó la hora de irse a comer. 

Eso sí, alguna pista había que dar de vez en cuando:

- Hulk camuflado su color ha buscado. 
- Superman está donde volar no puede.
- A Lobezno verás si dispuesto a deslizarte estás. 
- Batman oculto a la sombra te espera.
- Spiderman trepador a un tejado se subió. 
- Estela Plateada surfea en la plata (sí, lo se, no rima, yo también me he dado cuenta). 

y por supuesto el socorrido frio-frio, caliente-caliente, que mi imaginación y mi arte rimando no dan para tanto, y Gloria Fuertes no hay más que una. 



Y vosotr@s 
¿Qué es lo más raro a lo que habéis jugado este verano?

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